25-08-2008, 14:45:26
Parte 2.
2. Sesgo cognitivo.
Pero no dejemos aquí el análisis textual de los escritos del señor Allica. Ilustremos algunos otros de sus trucos. He hablado ya de lo que es el sesgo cognitivo: considerar solamente lo que en apariencia le dan la razón y omitir la evidencia en contra, o descalificar dicha evidencia con hipótesis ad hoc o declarando, directamente, que son imposibles. En general, se trata de evaluar de forma selectiva la información, según apoye o no su versión.
Fijémonos además que, dado que las teorías conspirativas por definición no tienen pruebas que las apoyen, los hechos que apoyan su versión son un totum revolutum de errores reales pero irrelevantes, a los que se les da una importancia casi cósmica.
Por ejemplo, Allica da la máxima importancia a las supuestas conversaciones de Jorge Dezcallar con Ana de Palacio, ministra de Exteriores, conversaciones de las que la única constancia es una nota periodística a cargo de Fernando Múgica, ex ufólogo, declarado admirador de J.J. Benítez y uno de los principales fabricantes de despropósitos conspiracionistas sobre el 11-M. El mismo Múgica que, en su nota, dice cosas como la siguiente: “Es más, en el Centro Nacional de Inteligencia, y así se lo hicieron saber a miembros del Gobierno, pusieron en duda, en las primeras horas tras los atentados del 11-M, que los autores materiales a los que señalaba la Policía fueran los culpables de la masacre.” Siendo que la policía, en las primeras horas, no señalaba a ningún autor material.
Pero olvidemos todo ello y pensemos por un momento que la información de que Dezcallar y De Palacio hablaron varias veces durante esos días es correcta.
Según Allica, Dezcallar habría desinformado con toda intencionalidad a De Palacio para que la ministra creyera a pie juntillas en la autoría etarra (veremos pronto que esto cae también en otra categoría, el juicio de intenciones, ya que no hay pruebas que nos lleven a pensar que Dezcallar dudara, de buena fe, de la autoría etarra).
Al mismo tiempo, Allica omite por completo que quien informaba al gobierno, a través del Secretario de Estado Ignacio Astarloa y el ministro del Interior, Ángel Acebes, era la Policía. Más específicamente, la persona a cargo de la investigación, el Comisario General de Información, Jesús de la Morena, con quien dichos cargos tenían reuniones diarias y, presumiblemente, comunicaciones más frecuentes a través de otros medios.
De esto, Allica no dice una sola palabra. ¿Por qué? Pues porque no interesa a su hipótesis. Porque si lo dijera, el lector podría plantearse la legítima duda de si eso que Allica nos cuenta con absoluta convicción, la supuesta intoxicación de Dezcallar a Palacio (una ministra que ni siquiera formaba parte del gabinete de crisis) pesó más en el ánimo del gobierno que la puntual información de la persona directamente a cargo de la investigación, a la que, como digo, ni siquiera menciona.
¿Más ejemplos? Pongamos uno particularmente sangrante:
En su contrarréplica Allica le da la mayor importancia y absoluta credibilidad a lo que dijo la perito de Tedax respecto de la contaminación (que era imposible que hubiera ocurrido en su laboratorio), al tiempo que descalifica su opinión sobre muestras pesables y no pesables como absurda. En un ejemplo relacionado, Allica le da absoluta credibilidad a Escribano en este último punto (las muestras pesables), al tiempo que descarta el resultado de su primer análisis de la llamada muestra M1, que no encontró nitroglicerina.
Ya no estamos simplemente ante la omisión de cierta información inconveniente para su teoría; ¡lo que vemos es cómo la misma persona, el mismo perito, puede ser alternativamente digno de todo crédito o estar totalmente equivocado, cuando no ser un embustero, según convenga o no a la hipótesis conspiracionista!
Pero además explicatio non petita. El propio Allica reconoce esto en una de sus “paradojas”:
“De entre esos cientos de testigos, vamos a centrarnos en la declaración de uno en concreto. En una parte del testimonio de uno en concreto, más concretamente. El del testigo protegido 11304”
Cientos de testigos apoyando masivamente la “versión oficial”, como Allica reconoce, y él se fija en uno. Se fija en ese testigo porque el mismo ha dicho haber sido amenazado por la Policía. ¿Existe alguna evidencia de ello? Ninguna, sólo la declaración del testigo, que por cierto retracta una declaración anterior e incurre en algunos extremos difíciles de creer y en contradicciones. Pero para Allica dicha declaración es más importante que todas las otras declaraciones, cuyo contenido descarta sin más como producto de la torpeza o de la maldad.
Por cierto que Allica se empeña en demostrar que yo tengo el mismo sesgo cognitivo, en una clara aplicación de la falacia de argumentum ad hominem tu quoque (o en román paladino, el famoso argumento de patio de colegio del “y tú más”). Una falacia evidente, porque aunque fuera cierto lo que dice, ello no le exime a él de culpa.
Para ello pone dos ejemplos: el de Carmen Baladía sobre las autopsias y uno que no hemos discutido, el de un testimonio de un guía canino respecto de la Kangoo. Se aprovecha el señor Allica de que mi espacio es limitado y que, evidentemente, no puedo en cada una de mis respuestas exponer todos y cada uno de los argumentos que hemos presentado (como colectivo) contra las teorías conspiracionistas del 11-M. Pero temo desengañarle: en un caso y en el otro hemos debatido la importancia de dichos testimonios ampliamente. Tendré oportunidad de demostrárselo.
2. Sesgo cognitivo.
Pero no dejemos aquí el análisis textual de los escritos del señor Allica. Ilustremos algunos otros de sus trucos. He hablado ya de lo que es el sesgo cognitivo: considerar solamente lo que en apariencia le dan la razón y omitir la evidencia en contra, o descalificar dicha evidencia con hipótesis ad hoc o declarando, directamente, que son imposibles. En general, se trata de evaluar de forma selectiva la información, según apoye o no su versión.
Fijémonos además que, dado que las teorías conspirativas por definición no tienen pruebas que las apoyen, los hechos que apoyan su versión son un totum revolutum de errores reales pero irrelevantes, a los que se les da una importancia casi cósmica.
Por ejemplo, Allica da la máxima importancia a las supuestas conversaciones de Jorge Dezcallar con Ana de Palacio, ministra de Exteriores, conversaciones de las que la única constancia es una nota periodística a cargo de Fernando Múgica, ex ufólogo, declarado admirador de J.J. Benítez y uno de los principales fabricantes de despropósitos conspiracionistas sobre el 11-M. El mismo Múgica que, en su nota, dice cosas como la siguiente: “Es más, en el Centro Nacional de Inteligencia, y así se lo hicieron saber a miembros del Gobierno, pusieron en duda, en las primeras horas tras los atentados del 11-M, que los autores materiales a los que señalaba la Policía fueran los culpables de la masacre.” Siendo que la policía, en las primeras horas, no señalaba a ningún autor material.
Pero olvidemos todo ello y pensemos por un momento que la información de que Dezcallar y De Palacio hablaron varias veces durante esos días es correcta.
Según Allica, Dezcallar habría desinformado con toda intencionalidad a De Palacio para que la ministra creyera a pie juntillas en la autoría etarra (veremos pronto que esto cae también en otra categoría, el juicio de intenciones, ya que no hay pruebas que nos lleven a pensar que Dezcallar dudara, de buena fe, de la autoría etarra).
Al mismo tiempo, Allica omite por completo que quien informaba al gobierno, a través del Secretario de Estado Ignacio Astarloa y el ministro del Interior, Ángel Acebes, era la Policía. Más específicamente, la persona a cargo de la investigación, el Comisario General de Información, Jesús de la Morena, con quien dichos cargos tenían reuniones diarias y, presumiblemente, comunicaciones más frecuentes a través de otros medios.
De esto, Allica no dice una sola palabra. ¿Por qué? Pues porque no interesa a su hipótesis. Porque si lo dijera, el lector podría plantearse la legítima duda de si eso que Allica nos cuenta con absoluta convicción, la supuesta intoxicación de Dezcallar a Palacio (una ministra que ni siquiera formaba parte del gabinete de crisis) pesó más en el ánimo del gobierno que la puntual información de la persona directamente a cargo de la investigación, a la que, como digo, ni siquiera menciona.
¿Más ejemplos? Pongamos uno particularmente sangrante:
En su contrarréplica Allica le da la mayor importancia y absoluta credibilidad a lo que dijo la perito de Tedax respecto de la contaminación (que era imposible que hubiera ocurrido en su laboratorio), al tiempo que descalifica su opinión sobre muestras pesables y no pesables como absurda. En un ejemplo relacionado, Allica le da absoluta credibilidad a Escribano en este último punto (las muestras pesables), al tiempo que descarta el resultado de su primer análisis de la llamada muestra M1, que no encontró nitroglicerina.
Ya no estamos simplemente ante la omisión de cierta información inconveniente para su teoría; ¡lo que vemos es cómo la misma persona, el mismo perito, puede ser alternativamente digno de todo crédito o estar totalmente equivocado, cuando no ser un embustero, según convenga o no a la hipótesis conspiracionista!
Pero además explicatio non petita. El propio Allica reconoce esto en una de sus “paradojas”:
“De entre esos cientos de testigos, vamos a centrarnos en la declaración de uno en concreto. En una parte del testimonio de uno en concreto, más concretamente. El del testigo protegido 11304”
Cientos de testigos apoyando masivamente la “versión oficial”, como Allica reconoce, y él se fija en uno. Se fija en ese testigo porque el mismo ha dicho haber sido amenazado por la Policía. ¿Existe alguna evidencia de ello? Ninguna, sólo la declaración del testigo, que por cierto retracta una declaración anterior e incurre en algunos extremos difíciles de creer y en contradicciones. Pero para Allica dicha declaración es más importante que todas las otras declaraciones, cuyo contenido descarta sin más como producto de la torpeza o de la maldad.
Por cierto que Allica se empeña en demostrar que yo tengo el mismo sesgo cognitivo, en una clara aplicación de la falacia de argumentum ad hominem tu quoque (o en román paladino, el famoso argumento de patio de colegio del “y tú más”). Una falacia evidente, porque aunque fuera cierto lo que dice, ello no le exime a él de culpa.
Para ello pone dos ejemplos: el de Carmen Baladía sobre las autopsias y uno que no hemos discutido, el de un testimonio de un guía canino respecto de la Kangoo. Se aprovecha el señor Allica de que mi espacio es limitado y que, evidentemente, no puedo en cada una de mis respuestas exponer todos y cada uno de los argumentos que hemos presentado (como colectivo) contra las teorías conspiracionistas del 11-M. Pero temo desengañarle: en un caso y en el otro hemos debatido la importancia de dichos testimonios ampliamente. Tendré oportunidad de demostrárselo.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
