25-08-2008, 14:51:23
5. La teoría de Allica como teoría conspirativa.
Establecidos los puntos anteriores, a saber, que el señor Allica teoriza, que usa “hechos” de forma sesgada, y que incurre en toda una panoplia de defectos metodológicos propios de teoría conspirativa, pasemos a analizar su argumento de que lo que él plantea no es una teoría conspirativa. Más que argumento, como veremos, mareo de perdiz.
Increíblemente, Allica nos dice que en el 11-M no ha habido una conspiración, sino muchas. Si era poco tener un poder en la sombra conspirando para ocultar la verdad, ahora resulta que hay varios, ¡y enfrentados! Éramos pocos y parió la abuela.
Algún día, si tiene tiempo, seguramente el señor Allica nos describirá qué policías, jueces y fiscales pertenecen a cada una de esas hipotéticas conspiraciones de las que nada se sabe en concreto. Permítaseme repetir esto: nadie ha sido capaz de probar la pertenencia de ninguna persona a ninguna conspiración. No hay datos de dónde y cuándo se reunían para planificar sus acciones, a quién daban órdenes y cómo, cómo lograron la casi perfecta coordinación que les ha permitido mantener esta monumental mentira (o mentiras) a través de todas las instancias judiciales. Todo lo que existe son las desmedidas suspicacias de un grupo de personas obsesionadas con probar que la “versión oficial” del 11-M es falsa, porque dicha “versión oficial” entra en conflicto con sus prejuicios, en particular con sus prejuicios políticos. Y si nadie ha probado la existencia de una conspiración, mucho menos, por supuesto, de varias.
Le molesta al señor Allica mi comparación con Roswell (curiosamente omite que también he comparado su teoría a las del 11-S, y que podría compararla con las de los que afirman que no ha habido vuelos a la Luna). Y sin embargo, no ha podido refutar mis planteamientos. Yo sostengo que existe una identidad metodológica común a todas las teorías conspirativas. Todas plantean un omnímodo poder en la sombra capaz de manipular la verdad.
Nos dice Allica que tales poderes existen en España, y que se llaman “servicios secretos”. Es sorprendente ver cómo los extremos se tocan. En efecto, hay muchos sectores del izquierdismo más pueril que están convencidos, desde hace décadas, que la CIA es un ente omnímodo que controla todo lo importante que pasa en el mundo, desde golpes de Estado en países en desarrollo hasta el atentado del 11-S. El argumento que usan estos izquierdistas radicales es el mismo del señor Allica: como está demostrado que la CIA estuvo, por ejemplo, detrás del golpe a Mossadegh en Irán, entonces cabe la sospecha fundada de que la CIA esté involucrada en cualquier otro evento, incluyendo el 11-S. Se nos pregunta retóricamente: ¿cómo es posible que la CIA no estuviera al tanto de lo que se cocinaba?
Esta asignación de omnisciencia y omnipotencia a una entidad opaca es una de las constantes del conspiracionismo. Supongo que es un estado mental, una forma de comprender (o mejor dicho, no comprender) el mundo. Y es que no existe ninguna entidad, ni en España ni en EEUU, que tenga toda la información y todo el control. Ni siquiera los estados totalitarios llegaron a tenerlos por completo, cuánto menos una sociedad abierta. Lo que los conspiracionistas como Allica y los izquierdistas radicales a los que me refiero no alcanzan a entender es que, en las sociedades abiertas, hay una enorme cantidad de agentes que trabajan de forma autónoma, persiguiendo sus propios intereses. De ahí se sigue que nadie tiene ni todo el control ni toda la información.
Pero el argumento del paralelismo con la injerencia de servicios secretos en otras operaciones es un non sequitur por otras razones. En el caso del 11-S parece claro: no se conoce ningún caso en el que la CIA haya atentado masivamente contra ciudadanos estadounidenses. Por tanto, postular que lo ha hecho ahora requiere evidencia extraordinaria; se trataría de un hecho sin precedentes. Otro tanto puede decirse del CESID-CNI con el 11-M. Estamos ante una falacia de generalización. Que los servicios secretos lleven a cabo operaciones encubiertas cuestionables, a veces incluso abiertamente ilegales, no implica que sean capaces de llevar a cabo cualquier monstruosidad.
Por cierto que, fuera de una oscura alusión al 23-F, Allica no nos aclara en cuántas otras operaciones en España ha participado el CESID-CNI. Uno de sus colegas más pintorescos (C3PO, creo que se hace llamar), sin embargo, hace esta relación:
“Carrero Blanco
Calle del Correo
Atocha
Hotel Corona de Aragón
la falsa "colza"
el 23 F
atentado del Monte Oiz
"El Descanso"
Montejurra
los sucesos de Vitoria
Crímenes del Gal
desaparición de Publio Cordón por el "Grapo"
las niñas de Alcasser
atentado contra Aznar
crímenes relacionados con los "informes Navajas y Veritas"
encaminamientos pre 11 M (Baqueira, Cañaveras, Chamartín)
Perejil
Casablanca
el 11-M
Lorena, esposa de Lavandera
3-A Leganés
extraña muerte de Aníbal Machín.”
Enviado por 1132CPCF el día 25 de Abril de 2008 a las 22:10 (#262)
Confío en que Allica nos confirmará cuáles de estas operaciones, según él, fueron del CESID-CNI.
Los servicios secretos son un mozo de azotes muy conveniente para los conspiracionistas, precisamente por su naturaleza opaca. Por razones obvias sus operaciones son secretas, no suelen defenderse en público, y sólo dan cuenta de sus actuaciones al gobierno y, en el caso de España, a la Comisión de Secretos Oficiales. Pero, precisamente, de que algo sea opaco no se deduce su maldad. Las cosas, como siempre, hay que probarlas. Y mientras no se prueben las afirmaciones increíbles de que algunos dentro del CNI tienen el plan secreto de destruir España (con lo cual, me parece, se quedarían sin trabajo), no se pueden sostener seriamente estas afirmaciones extraordinarias.
Precisamente, resalto, éste es un caso claro en el que se hace una afirmación totalmente extraordinaria sin tener pruebas que la avalen. Recordemos a Sagan: él pedía evidencia extraordinaria para este tipo de afirmaciones. Allica no tiene ni siquiera un átomo de evidencia. Su único argumento es que el CESID-CNI ha participado en otras operaciones de dudosa legalidad. Un argumento peregrino por una razón más: si cualquier entidad o persona que ha participado en una operación ilegal es sospechosa de todas las operaciones ilegales, aviados vamos. Todo delincuente previo tendría que ser sospechoso de todo delito, por más que no haya precedentes de que hubiera cometido ese tipo de delito en particular.
Porque, bien pensado, señor Allica, ¿por qué el CNI y no la CIA, que gozaría de superior tecnología, ha intervenido varias veces en países extranjeros y no tendría el problema moral y legal de atentar contra conciudadanos? Ah, no. De la CIA no se puede sospechar porque nuevamente entra en juego el sesgo ideológico. Los malos son “ellos”, no los “nuestros”. Es por ello que, bajo condiciones idénticas, un conspiracionista de izquierdas tendrá a la CIA como principal sospechosa. No por razones objetivas, sino por prejuicios ideológicos.
Nos dice también Allica, intentando refutarme, que no es difícil engañar a la opinión pública. Vuelve a caer en la ilusión del poder omnímodo. En una sociedad abierta los medios no forman una voz única. Los conspiradores tienen que tener esto en cuenta: es imposible engañar a toda la opinión pública porque tarde o temprano algún medio independiente descubriría la verdad y la publicaría.
Vamos a suponer por un momento que la teoría del señor Allica fuese cierta. ¿No pensaron los conspiradores que en España existen medios como el diario El Mundo, que terminarían dando con la verdad? ¿No es absurdo pensar en unos conspiradores tan ingenuos que confiarían en ocultar la verdad para siempre? La conspiración en la que cree Allica se ha aireado hasta la extenuación.
Claro que, en otro ejemplo de argumento circular, Allica nos dice que, a pesar de dicha discusión pública, la opinión pública sigue mayoritariamente engañada. Primero tiene que demostrar que la conspiración existe; porque si no existe, la opinión pública española no está engañada. Búsquese otro ejemplo.
Continuando con su mareo de perdiz, Allica nos dice que el 11-M fue, en efecto, un suceso extraordinario. Allica confunde el suceso con la explicación del suceso. Evidentemente un atentado como el 11-M es un suceso extraordinario. Pero la frase que apócrifamente se atribuye a Sagan no se refiere a esto; se refiere a la explicación del suceso. Es decir, a la existencia de una conspiración como afirmación extraordinaria. Ésta es la afirmación extraordinaria que requiere evidencia extraordinaria. Y, como digo, Allica no tiene ni un átomo de evidencia.
Establecidos los puntos anteriores, a saber, que el señor Allica teoriza, que usa “hechos” de forma sesgada, y que incurre en toda una panoplia de defectos metodológicos propios de teoría conspirativa, pasemos a analizar su argumento de que lo que él plantea no es una teoría conspirativa. Más que argumento, como veremos, mareo de perdiz.
Increíblemente, Allica nos dice que en el 11-M no ha habido una conspiración, sino muchas. Si era poco tener un poder en la sombra conspirando para ocultar la verdad, ahora resulta que hay varios, ¡y enfrentados! Éramos pocos y parió la abuela.
Algún día, si tiene tiempo, seguramente el señor Allica nos describirá qué policías, jueces y fiscales pertenecen a cada una de esas hipotéticas conspiraciones de las que nada se sabe en concreto. Permítaseme repetir esto: nadie ha sido capaz de probar la pertenencia de ninguna persona a ninguna conspiración. No hay datos de dónde y cuándo se reunían para planificar sus acciones, a quién daban órdenes y cómo, cómo lograron la casi perfecta coordinación que les ha permitido mantener esta monumental mentira (o mentiras) a través de todas las instancias judiciales. Todo lo que existe son las desmedidas suspicacias de un grupo de personas obsesionadas con probar que la “versión oficial” del 11-M es falsa, porque dicha “versión oficial” entra en conflicto con sus prejuicios, en particular con sus prejuicios políticos. Y si nadie ha probado la existencia de una conspiración, mucho menos, por supuesto, de varias.
Le molesta al señor Allica mi comparación con Roswell (curiosamente omite que también he comparado su teoría a las del 11-S, y que podría compararla con las de los que afirman que no ha habido vuelos a la Luna). Y sin embargo, no ha podido refutar mis planteamientos. Yo sostengo que existe una identidad metodológica común a todas las teorías conspirativas. Todas plantean un omnímodo poder en la sombra capaz de manipular la verdad.
Nos dice Allica que tales poderes existen en España, y que se llaman “servicios secretos”. Es sorprendente ver cómo los extremos se tocan. En efecto, hay muchos sectores del izquierdismo más pueril que están convencidos, desde hace décadas, que la CIA es un ente omnímodo que controla todo lo importante que pasa en el mundo, desde golpes de Estado en países en desarrollo hasta el atentado del 11-S. El argumento que usan estos izquierdistas radicales es el mismo del señor Allica: como está demostrado que la CIA estuvo, por ejemplo, detrás del golpe a Mossadegh en Irán, entonces cabe la sospecha fundada de que la CIA esté involucrada en cualquier otro evento, incluyendo el 11-S. Se nos pregunta retóricamente: ¿cómo es posible que la CIA no estuviera al tanto de lo que se cocinaba?
Esta asignación de omnisciencia y omnipotencia a una entidad opaca es una de las constantes del conspiracionismo. Supongo que es un estado mental, una forma de comprender (o mejor dicho, no comprender) el mundo. Y es que no existe ninguna entidad, ni en España ni en EEUU, que tenga toda la información y todo el control. Ni siquiera los estados totalitarios llegaron a tenerlos por completo, cuánto menos una sociedad abierta. Lo que los conspiracionistas como Allica y los izquierdistas radicales a los que me refiero no alcanzan a entender es que, en las sociedades abiertas, hay una enorme cantidad de agentes que trabajan de forma autónoma, persiguiendo sus propios intereses. De ahí se sigue que nadie tiene ni todo el control ni toda la información.
Pero el argumento del paralelismo con la injerencia de servicios secretos en otras operaciones es un non sequitur por otras razones. En el caso del 11-S parece claro: no se conoce ningún caso en el que la CIA haya atentado masivamente contra ciudadanos estadounidenses. Por tanto, postular que lo ha hecho ahora requiere evidencia extraordinaria; se trataría de un hecho sin precedentes. Otro tanto puede decirse del CESID-CNI con el 11-M. Estamos ante una falacia de generalización. Que los servicios secretos lleven a cabo operaciones encubiertas cuestionables, a veces incluso abiertamente ilegales, no implica que sean capaces de llevar a cabo cualquier monstruosidad.
Por cierto que, fuera de una oscura alusión al 23-F, Allica no nos aclara en cuántas otras operaciones en España ha participado el CESID-CNI. Uno de sus colegas más pintorescos (C3PO, creo que se hace llamar), sin embargo, hace esta relación:
“Carrero Blanco
Calle del Correo
Atocha
Hotel Corona de Aragón
la falsa "colza"
el 23 F
atentado del Monte Oiz
"El Descanso"
Montejurra
los sucesos de Vitoria
Crímenes del Gal
desaparición de Publio Cordón por el "Grapo"
las niñas de Alcasser
atentado contra Aznar
crímenes relacionados con los "informes Navajas y Veritas"
encaminamientos pre 11 M (Baqueira, Cañaveras, Chamartín)
Perejil
Casablanca
el 11-M
Lorena, esposa de Lavandera
3-A Leganés
extraña muerte de Aníbal Machín.”
Enviado por 1132CPCF el día 25 de Abril de 2008 a las 22:10 (#262)
Confío en que Allica nos confirmará cuáles de estas operaciones, según él, fueron del CESID-CNI.
Los servicios secretos son un mozo de azotes muy conveniente para los conspiracionistas, precisamente por su naturaleza opaca. Por razones obvias sus operaciones son secretas, no suelen defenderse en público, y sólo dan cuenta de sus actuaciones al gobierno y, en el caso de España, a la Comisión de Secretos Oficiales. Pero, precisamente, de que algo sea opaco no se deduce su maldad. Las cosas, como siempre, hay que probarlas. Y mientras no se prueben las afirmaciones increíbles de que algunos dentro del CNI tienen el plan secreto de destruir España (con lo cual, me parece, se quedarían sin trabajo), no se pueden sostener seriamente estas afirmaciones extraordinarias.
Precisamente, resalto, éste es un caso claro en el que se hace una afirmación totalmente extraordinaria sin tener pruebas que la avalen. Recordemos a Sagan: él pedía evidencia extraordinaria para este tipo de afirmaciones. Allica no tiene ni siquiera un átomo de evidencia. Su único argumento es que el CESID-CNI ha participado en otras operaciones de dudosa legalidad. Un argumento peregrino por una razón más: si cualquier entidad o persona que ha participado en una operación ilegal es sospechosa de todas las operaciones ilegales, aviados vamos. Todo delincuente previo tendría que ser sospechoso de todo delito, por más que no haya precedentes de que hubiera cometido ese tipo de delito en particular.
Porque, bien pensado, señor Allica, ¿por qué el CNI y no la CIA, que gozaría de superior tecnología, ha intervenido varias veces en países extranjeros y no tendría el problema moral y legal de atentar contra conciudadanos? Ah, no. De la CIA no se puede sospechar porque nuevamente entra en juego el sesgo ideológico. Los malos son “ellos”, no los “nuestros”. Es por ello que, bajo condiciones idénticas, un conspiracionista de izquierdas tendrá a la CIA como principal sospechosa. No por razones objetivas, sino por prejuicios ideológicos.
Nos dice también Allica, intentando refutarme, que no es difícil engañar a la opinión pública. Vuelve a caer en la ilusión del poder omnímodo. En una sociedad abierta los medios no forman una voz única. Los conspiradores tienen que tener esto en cuenta: es imposible engañar a toda la opinión pública porque tarde o temprano algún medio independiente descubriría la verdad y la publicaría.
Vamos a suponer por un momento que la teoría del señor Allica fuese cierta. ¿No pensaron los conspiradores que en España existen medios como el diario El Mundo, que terminarían dando con la verdad? ¿No es absurdo pensar en unos conspiradores tan ingenuos que confiarían en ocultar la verdad para siempre? La conspiración en la que cree Allica se ha aireado hasta la extenuación.
Claro que, en otro ejemplo de argumento circular, Allica nos dice que, a pesar de dicha discusión pública, la opinión pública sigue mayoritariamente engañada. Primero tiene que demostrar que la conspiración existe; porque si no existe, la opinión pública española no está engañada. Búsquese otro ejemplo.
Continuando con su mareo de perdiz, Allica nos dice que el 11-M fue, en efecto, un suceso extraordinario. Allica confunde el suceso con la explicación del suceso. Evidentemente un atentado como el 11-M es un suceso extraordinario. Pero la frase que apócrifamente se atribuye a Sagan no se refiere a esto; se refiere a la explicación del suceso. Es decir, a la existencia de una conspiración como afirmación extraordinaria. Ésta es la afirmación extraordinaria que requiere evidencia extraordinaria. Y, como digo, Allica no tiene ni un átomo de evidencia.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
