25-08-2008, 14:53:52
6. Pruebas, dogmas y probabilidad.
Le ha molestado mucho al señor Allica que yo mencione que no tiene pruebas, y me remite a diversos enlaces con los que intenta refutarme. Vamos a aclararnos, porque o bien yo no me explico o bien Allica no me entiende. Nadie duda de que ciertas afirmaciones de Allica sean hechos, como que la Policía envío una foto que no correspondía al culote de la Kangoo, o que hay discrepancias entre informes telefónicos. Estos son hechos y nadie los discute.
Lo que se discute es la interpretación de estos hechos. Y es aquí donde digo que Allica no tiene la menor prueba de lo que afirma. No tiene pruebas de que la mochila de Vallecas sea falsa. No tiene pruebas de que la evidencia en la Kangoo se haya plantado. No tiene pruebas de que los sucesos de Leganés no hayan sido un suicidio.
Y no tiene pruebas de nada de esto porque para cada uno de estas cosas, y las ciento un más que se ha inventado el conspiracionismo, hay explicaciones alternativas, razonables y más sencillas. Recordemos: explicaciones que están de acuerdo con el criterio de la navaja de Occam.
Si existen tales explicaciones alternativas razonables, se sigue que Allica no ha probado nada. Para probar que tiene la razón, Allica necesita una prueba positiva, no un conjunto de elucubraciones. Por ejemplo, un testigo que haya visto cómo se introducía la evidencia en la Kangoo. O una huella dactilar en la mochila que pertenezca a un agente del CNI que es experto en bombas y no tiene coartada el día 11 por la tarde. O una persona que viera cómo introdujeron a los “pelanas” muertos en el piso de Leganés. Estos son pruebas positivas, que se pueden llevar a un juicio para condenar a los culpables. Todo lo demás son elucubraciones. ¿Se puede juzgar a alguien diciendo: “oiga, la mochila no estaba preparada para explotar porque tenía un cable pelado, sin cinta aislante”? Rotundamente no, porque estamos ante una valoración de intenciones. Obsérvese la forma como Gómez Bermúdez, durante la vista oral, rechaza las preguntas que se basan en elucubraciones sin base; es una muy buena forma de entender qué cosas tiene sentido plantear en un juicio y cuáles no. Y como esto, todas las afirmaciones conspiracionistas. Piensen ustedes qué tribunal del mundo las admitiría como evidencia.
Continúo. Allica se muestra muy ofendido (dice que miento abiertamente) porque le acuso, a él y a sus compañeros, de ser unos dogmáticos, de estar enamorados de un dogma. Y me dice que él es capaz de cambiar de parecer, que las pistas de ETA eran pistas falsas en las que creyó en un principio, pero que ahora piensa que la verdad puede ser “mucho peor”. Pero señor Allica, sigue usted sin entenderme. El dogma central del conspiracionismo es que la “versión oficial” es falsa, y ese dogma lo comparten todos ustedes. Hay, por supuesto, algunos “subdogmas”, si se me permite la expresión, como la falsedad de la mochila de Vallecas, la Kangoo y el resto de las pruebas; es natural, porque no se puede sostener la falsedad de la “versión oficial” sin al mismo tiempo sostener la falsedad de las pruebas que la sustentan. Pero esto es un hecho: no hay fuerza humana en el mundo que les pueda hacer cambiar de opinión al respecto. Ninguna cantidad de evidencia les convencerá de que se equivocan en este punto. Ninguna. Ni una sentencia judicial, ni la opinión informada de las policías del mundo occidental, ni de los gobiernos, ni de los medios extranjeros. Nada en absoluto les hará cambiar de opinión a estas alturas, y esto, señor Allica, es dogmatismo. Porque un investigador serio tendría que tener siempre, en algún rinconcito de su mente, encendida la posibilidad de que su hipótesis principal está equivocada, y tener además un criterio de aceptación de la hipótesis contraria. Es decir, saber qué evidencia le convencería de que está equivocado. Ustedes no tienen ni lo uno ni lo otro.
Aunque el señor Allica pasa de puntillas sobre la inverosimilitud de la teoría que propone, y que aquí he expuesto extensamente, sí se mete en berenjenales probabilísticos para intentar refutarme. Nos dice que yo afirmo que “el hecho de que sea posible que alguien tire un dado doscientas veces y obtenga doscientos seises, significa que es perfectamente normal que alguien lance ese dado esa cantidad de veces y consiga sacar esa misma cantidad de seises”. No es verdad; yo no he afirmado tal cosa. Esto es una típica falacia de hombre de paja: reinterpretar mis palabras de forma que le den la razón a mi adversario.
Vamos a ver. En primer lugar, la probabilidad de eventos que sólo ocurren una vez es un concepto muy problemático. Tan problemático que muchos teóricos niegan que dicho concepto tenga sentido. ¿Cuál es la probabilidad de que un confidente de la Guardia Civil ponga en contacto a un confidente de la Policía de Asturias con un islamista fundamentalista para que éste compre explosivos? Es imposible calcularla: no tenemos espacio de muestra ni forma ninguna de plantear dicho espacio. Intentar aplicar a este tipo de eventos un análisis probabilístico es una falacia. Se sigue que hablar de la probabilidad de que la versión oficial sea cierta carece absolutamente de sentido. Pero no otra cosa nos dice Allica cuando dice que el cúmulo de casualidades, errores y negligencias es inverosímil por improbable.
Pero aún suponiendo que se pudiera hacer dicho análisis, hay otra falacia en el argumento de Allica, una falacia que podemos explorar suponiendo que, de alguna forma, el obstáculo anterior pudiera eliminarse. Una falacia, por cierto, muy común entre quienes no saben probabilidad. Digamos que al señor Pérez, un amigo nuestro, le toca la primitiva. Digamos que tenemos prueba fehaciente de que esto ha ocurrido. Digamos que llego a mi oficina y digo: “¿A que no sabéis a quién le ha tocado la primitiva? Pues a Pérez.” Salta un compañero y me dice: “¡eso es imposible, la probabilidad de que le haya tocado precisamente a él es bajísima!” Por más que yo le insisto que ha sucedido, mi compañero se niega a aceptarlo. Se pone a hacer cálculos y me muestra que es inverosímil que a Pérez le haya tocado la primitiva. Pero el hecho es que le ha tocado. La probabilidad de un evento del que tenemos certeza no es bajísima. Dicha probabilidad es uno. Se sigue que ningún argumento probabilístico puede oponerse a la evidencia de que algo ha ocurrido. El análisis probabilístico de eventos pasados de los que tenemos pruebas empíricas es una insensatez. En el caso del 11-M, Trashorras es nuestro señor Pérez. O mejor dicho, la categoría “confidente de la Policía” es nuestro señor Pérez.
Termino esta breve discusión de probabilidad diciendo que es peligroso invocar argumentos probabilísticos sin ningún cálculo formal. Nuestra intuición probabilística falla más que una escopeta de feria. Hasta John von Neumann, para muchos la mente matemática más brillante del siglo XX, erraba cuando confiaba en su intuición probabilística.
7. El Estado de Derecho en España y las denuncias.
Hay otro argumento de orden general que conviene cubrir: la existencia o no de un Estado de Derecho en España.
En mi réplica anterior hablaba yo de la “batasunización” de un sector de la derecha española. Como si quisiera ejemplificarlo, Allica dedica tres párrafos indignados a defender la idea de que España no es un Estado de Derecho, que las resoluciones judiciales están cien por cien politizadas y que el poder judicial sólo obedece las consignas de Moncloa.
Su argumento es: “no insulte nuestra inteligencia tratando de negar esta realidad”. Que es una forma de argumentum ad hominem: si no estás de acuerdo con Allica eres malvado o tonto. No hay más. Ése es todo el argumento. Estaremos de acuerdo en que es falaz, y que una falacia, por más que se vista de seda, falacia se queda.
Es curioso cómo se tocan los extremos de nuevo. La sumisión del Poder Judicial al Ejecutivo es un argumento recurrente de la izquierda radical, y en particular del sector batasuno. Sorprende que un sector de la derecha española esté de acuerdo en un asunto de tanto peso con el entorno etarra, pero al parecer es así. También sorprende que dicho sector, en un ejercicio de coherencia, no se lance a las calles de Bilbao a acompañar las manifestaciones de Gestoras pro Amnistía, Askatasuna o como quiera que se llamen hoy a las 14:00. Después de todo, si la justicia no es independiente ni objetiva, ninguno de los juicios a etarras tiene la menor validez. Presoak kalera.
Sorprende también que Estrasburgo no se haya enterado de lo mal que está la justicia española. Estos extranjeros no se enteran nunca de nada. Me responderá Allica que Estrasburgo ha tumbado varias sentencias españolas, algunas de tanto calado como la de Gómez de Liaño o la de Barrionuevo. Por supuesto; para eso está el Tribunal. Pero si tan mal estuviera la justicia española, Estrasburgo invalidaría todas las sentencias que fueran recurridas, y no lo hace. Allica puede contestar con evidencia anecdótica, es decir, con dos o tres casos que parezcan darle la razón. Yo contestaré que la evidencia anecdótica no es prueba de nada. Que tiene que demostrar el sesgo político de la justicia de forma general, no en dos o tres casos concretos. Porque nadie niega que pueda haber una cierta cantidad de excepciones; lo que interesa es saber si se trata de un fenómeno generalizado.
Nadie niega que la justicia española es perfectible. Lo cual no implica que esté hecha unos zorros, como pretende el señor Allica. Se nota que no ha vivido en un país sin Estado de Derecho. Se nota mucho, porque no sabe de lo que habla; no sabe de la indefensión jurídica, de la arbitrariedad de fiscales y jueces, de las decisiones prevaricadoras que se experimentan en un país sin ley.
De todas formas, he puesto ejemplos que ponen en duda lo que afirma Allica. He puesto el ejemplo de Guevara actuando contra la fiscalía. Podría añadir que en este país se investigó el terrorismo de Estado contra los deseos del gobierno; que en muchas ocasiones la judicatura y el Constitucional han actuado contra los deseos del gobierno, como cuando se liberó a la cúpula de Herri Batasuna, que si en realidad, la justicia estuviera sometida al ejecutivo no habría apenas diferencias entre lo que pide la fiscalía y lo que fallan los tribunales, ni habría polémicas entre el Supremo y el Constitucional, ni tendría sentido que el tribunal del 11-M hubiera ordenado pruebas no solicitadas por la fiscalía ni, por supuesto, hubiera habido absoluciones y reducciones de condenas, esas absoluciones y reducciones que tanto agradaron a los Peones Negros. Tenemos también el caso de la Operación Nova, en la que varios islamistas fueron absueltos contra los deseos de la fiscalía. Los conspiracionistas como Allica son ciegos a estos matices.
Pero además, no deja de ser curioso que esta supuesta sumisión de la judicatura no haya sido descubierta por nuestros “investigadores” hasta después del 11 de marzo de 2004. Hasta donde sabemos, los conspiracionistas vivían satisfechos con la justicia española la víspera del atentado. Hay, incluso, muchos testimonios de Peones Negros que confiaban en que el tribunal presidido por Gómez Bermúdez dictara una sentencia de acuerdo con las creencias de la versión conspiracionista: descartando las pruebas “falsas”, deduciendo testimonio contra los policías malvados, absolviendo a los “pelanas” inocentes. Yo invito a cualquier lector imparcial a que lea las reacciones de espanto que la sentencia despertó en el blog de Luis del Pino, en tiempo real, el 31 de octubre de 2007. La gente que no podía creer lo que decía el tribunal confiaba en la justicia, hasta el momento en que esa justicia les quitó la razón.
No sé qué opinaba el señor Allica esos días, pero sé que me critica por algo que la mayoría de sus compañeros compartía hasta hace menos de un año: la confianza en la justicia española. Por lo que no parece que mi confianza sea tan absurda.
Y es que el que ha cambiado de opinión es el que tiene que justificar por qué lo ha hecho. Estoy razonablemente seguro de que la mayoría de los peones negros compartían conmigo (con nosotros) dicha confianza razonable el 10 de marzo de 2004. Tienen que justificar, por tanto, por qué han cambiado de opinión. Y por supuesto, no pueden usar la sentencia del 11-M para justificarlo, porque estaríamos de nuevo ante un argumento circular; si no han demostrado que la sentencia prevarica, no pueden usar esa afirmación para perder confianza en la justicia.
Respecto de este punto, y ya termino, Allica cree refutarme cuando dice que sí se han presentado denuncias contra funcionarios negligentes. Dice Allica:
“Se equivoca Areán al decir que nadie ajeno a la conspiración denunció a algunos de esos miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. He de recordarle que durante el juicio del 11M se le solicitó deducción de testimonio a varios de estos defensores del Orden y que previamente el Sindicato de Funcionarios Manos Limpias sí acudió a los tribunales contra varios de ellos. Aquellas denuncias fueron sistemáticamente desestimadas: los defensores de la versión oficial con frecuencia argumentan que episodios “sorprendentes” de la misma pueden explicarse fácilmente a través de la “teoría de la negligencia”. Sin embargo, cuando alguien denuncia a esos personas negligentes, el sistema mira hacia otro lado. Algún día tendremos que hablar de las “negligencias” del 11M. Y peca de osado Areán cuando habla en nombre de “la totalidad” de la Policía y la Guardia Civil, pero ése es un viciodel que me temo que no voy a poder curarle. Porque ahí él juega con ventaja y lo sabe. Igual que juega con ventaja cuando afirma, con toda la razón del mundo, que ningún policía ha declarado ante un juez que la mochila de Vallecas es falsa.”
Aquí hay dos afirmaciones y dos lamentos. La primera afirmación es que “me equivoco”. No hay tal. Yo he dicho que ningún miembro de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado o de la judicatura ha hecho denuncias que avalen la gravedad de las sospechas conspiracionistas. Al “Sindicato” Manos Limpias sólo se le conoce actividad penal. No se sabe qué funcionarios representa, ni se le conoce actividad laboral ni sindical alguna. No consta que represente a ningún policía ni guardia civil. Por tanto, mi afirmación continúa siendo verdadera. Que una entidad ajena a las FCSE y a la judicatura haga denuncias vacías (una de las cuales le ha valido que se abran diligencias contra ella por denuncia falsa) es irrelevante. Lo mismo cabe decir de las deducciones de testimonio. A pesar de lo que diga Allica, sigue siendo cierto que ningún miembro de las FCSE ha presentado denuncia, y esto es lo importante, esto es lo que sería profundamente sorprendente si lo que Allica afirma fuera cierto. Y no es que yo hable por todas las FCSE. Es que ellas, con su atronador silencio al respecto, hablan por sí mismas.
Allica intenta decirnos (en otro sitio de su escrito) que lo que sucede es que se tiene amenazados a los policías y guardias civiles, y para ello nos habla de la persecución de Garzón (antes héroe anti GAL y anti ETA, y ahora convertido en malvado prevaricador, en el enésimo ejercicio de sesgo cognitivo) contra los peritos del ácido bórico. Nada más falso. Garzón no imputó a los peritos hasta septiembre de 2006, y sólo a raíz de que el escándalo estallara gracias a “informaciones” periodísticas. En otras palabras, los peritos no movieron pieza. No presentaron denuncias. Pero además esto ocurrió dos años y medio después del atentado. ¿Cómo pretende Allica que creamos que un “castigo” aplicado dos años y medio después pudo escarmentar retroactivamente a los miembros de las FCSE durante todos esos meses anteriores? Por lo demás, el “castigo” se limitó a una imputación que fue casi inmediatamente archivada por el juzgado competente. ¿De verdad es esto una persecución tan terrible que para los miembros de las FCSE, bregados en mil batallas, resulta imposible de superar? ¿Algo tan tremendo que les impide dar un paso al frente y decir: “yo sé que os han contado una mentira sobre quién mató a casi doscientos conciudadanos”? Qué pobre opinión tiene Allica sobre nuestras FCSE. Piensa que todos son unos cobardes capaces de guardar silencio ante tamaño crimen, arredrados por un cachete. Yo pienso que no son así. Pienso que son, en su abrumadora mayoría, gente valiente, honesta y entregada a la protección de los ciudadanos, a la que nada ni nadie podría hacer callar, si se diera la circunstancia de que conocieran este terrible secreto.
La segunda afirmación es falsa por partida doble. Hablar de “defensores de la versión oficial” es tan absurdo como hablar, a estas alturas, de “defensores de la teoría heliocéntrica”. No se trata de defender versiones; se trata de defender una metodología para llegar a la verdad, y confiar en que dicha metodología funciona. No otra cosa hacemos los anticonspiracionistas. La segunda razón por la que la afirmación es falsa es que nadie habla de una teoría de la negligencia. Tal cosa es un hombre de paja. Yo, por lo menos, no creo que haya habido negligencias significativas durante la investigación del 11-M. Otra cosa, por supuesto, es preguntarse si hubo negligencias previas, y si el atentado podría haber sido evitado. Esto es la pregunta del millón, y yo no me atrevo a contestarla porque no me siento experto. Veo con preocupación que el tráfico de explosivos en Asturias estaba totalmente fuera de control, tal vez con el conocimiento de ciertas autoridades; veo también con preocupación que la UCIE falló al evaluar el riesgo de los islamistas que vigilaban. Pero, ¿negligencia criminal? Es muy difícil decirlo. Nadie ha sido llevado a los tribunales estadounidenses por haber sido incapaz de predecir el 11-S. Porque para que exista negligencia no basta con bajar la guardia o cometer una equivocación; es necesario tener una actitud sistemática de dejación de funciones o una conducta puntual muy grave. Un símil: un camionero sobrio y descansado que provoca un accidente por un momento de distracción no es culpable de negligencia criminal. Lo sería si estuviera ebrio o si hubiera conducido más horas de las que señala la ley. No todo error es una negligencia. No toda negligencia es perseguible penalmente. Dicho esto, también digo: si los conspiracionistas, en vez de perderse en teorías absurdas sobre el CNI, logran probar negligencias, seré yo el primero en felicitarles. Por primera vez en cuatro años, habrán hecho algo útil.
Los lamentos son absurdos. Allica nos dice, en primer lugar, que las denuncias han sido archivadas. Su lectura es que la justicia mira hacia otro lado. Nuevamente, peca esto de ser un argumento circular. Esto sería cierto si existieran funcionarios negligentes. Pero lo que no ha demostrado Allica (ni ningún conspiracionista) es que esto sea cierto. Por tanto, presupone lo que quiere probar. El juzgado de Madrid en el que se denunció a una docena de mandos policiales recibió, como evidencia, ¡recortes de diarios! Esas son las pruebas de Manos Limpias: humo escrito. ¿Alguien se pregunta por qué fueron archivadas esas denuncias? ¿Alguien piensa que esto es serio? Lo mismo puede decirse de la denuncia del “sindicato” contra Juan del Olmo. La justicia funciona precisamente porque no permite que tales delirios prosperen.
El segundo lamento es que “juego con ventaja”. Por supuesto. Lo he sabido desde el primer día. Juego con ventaja porque decir que la Tierra continúa girando y por tanto veremos al Sol aparecer por el oriente mañana por la mañana, contra alguien que lo niega, es jugar con ventaja. Juego con ventaja porque lo que digo es verdad. Menuda ventaja tengo.
Con esto termino este largo análisis de los argumentos generales de Allica, en el que creo haber demostrado lo siguiente:
1) Allica falta a la verdad cuando dice que no teoriza.
2) Allica falta a la verdad cuando dice que sólo hace relaciones de hechos.
3) Los argumentos de Allica cumplen, a pie juntillas, la metodología falaz de una teoría conspiracionista.
4) De hecho, y dado lo anterior, la teoría de Allica es una teoría conspiracionista.
5) La teoría de Allica tiene, como premisas no explícitas, un conjunto de prejuicios políticos, un profundo sesgo ideológico y postulados no demostrados sobre el CNI.
6) Allica no ha logrado refutar la inverosimilitud de su teoría, que es más evidente, si cabe, después de la exposición que he hecho.
7) Allica no tiene pruebas de lo que afirma
8) El argumento probabilística de Allica es falaz
9) La desconfianza de Allica en la justicia española no está avalada por los hechos.
10) La incapacidad del conspiracionismo por formular una denuncia que prospere es evidencia del fracaso del conspiracionismo.
En una siguiente entrega, abusando de la paciencia del editor, hablaré de los puntos más especifícos que discute Allica y de su defensa numantina de la Asociación Peones Negros (defensa que, como veremos, se ha basada en el lamentable recurso de escudarse en las víctimas). Espero que sea mucho más breve.
Le ha molestado mucho al señor Allica que yo mencione que no tiene pruebas, y me remite a diversos enlaces con los que intenta refutarme. Vamos a aclararnos, porque o bien yo no me explico o bien Allica no me entiende. Nadie duda de que ciertas afirmaciones de Allica sean hechos, como que la Policía envío una foto que no correspondía al culote de la Kangoo, o que hay discrepancias entre informes telefónicos. Estos son hechos y nadie los discute.
Lo que se discute es la interpretación de estos hechos. Y es aquí donde digo que Allica no tiene la menor prueba de lo que afirma. No tiene pruebas de que la mochila de Vallecas sea falsa. No tiene pruebas de que la evidencia en la Kangoo se haya plantado. No tiene pruebas de que los sucesos de Leganés no hayan sido un suicidio.
Y no tiene pruebas de nada de esto porque para cada uno de estas cosas, y las ciento un más que se ha inventado el conspiracionismo, hay explicaciones alternativas, razonables y más sencillas. Recordemos: explicaciones que están de acuerdo con el criterio de la navaja de Occam.
Si existen tales explicaciones alternativas razonables, se sigue que Allica no ha probado nada. Para probar que tiene la razón, Allica necesita una prueba positiva, no un conjunto de elucubraciones. Por ejemplo, un testigo que haya visto cómo se introducía la evidencia en la Kangoo. O una huella dactilar en la mochila que pertenezca a un agente del CNI que es experto en bombas y no tiene coartada el día 11 por la tarde. O una persona que viera cómo introdujeron a los “pelanas” muertos en el piso de Leganés. Estos son pruebas positivas, que se pueden llevar a un juicio para condenar a los culpables. Todo lo demás son elucubraciones. ¿Se puede juzgar a alguien diciendo: “oiga, la mochila no estaba preparada para explotar porque tenía un cable pelado, sin cinta aislante”? Rotundamente no, porque estamos ante una valoración de intenciones. Obsérvese la forma como Gómez Bermúdez, durante la vista oral, rechaza las preguntas que se basan en elucubraciones sin base; es una muy buena forma de entender qué cosas tiene sentido plantear en un juicio y cuáles no. Y como esto, todas las afirmaciones conspiracionistas. Piensen ustedes qué tribunal del mundo las admitiría como evidencia.
Continúo. Allica se muestra muy ofendido (dice que miento abiertamente) porque le acuso, a él y a sus compañeros, de ser unos dogmáticos, de estar enamorados de un dogma. Y me dice que él es capaz de cambiar de parecer, que las pistas de ETA eran pistas falsas en las que creyó en un principio, pero que ahora piensa que la verdad puede ser “mucho peor”. Pero señor Allica, sigue usted sin entenderme. El dogma central del conspiracionismo es que la “versión oficial” es falsa, y ese dogma lo comparten todos ustedes. Hay, por supuesto, algunos “subdogmas”, si se me permite la expresión, como la falsedad de la mochila de Vallecas, la Kangoo y el resto de las pruebas; es natural, porque no se puede sostener la falsedad de la “versión oficial” sin al mismo tiempo sostener la falsedad de las pruebas que la sustentan. Pero esto es un hecho: no hay fuerza humana en el mundo que les pueda hacer cambiar de opinión al respecto. Ninguna cantidad de evidencia les convencerá de que se equivocan en este punto. Ninguna. Ni una sentencia judicial, ni la opinión informada de las policías del mundo occidental, ni de los gobiernos, ni de los medios extranjeros. Nada en absoluto les hará cambiar de opinión a estas alturas, y esto, señor Allica, es dogmatismo. Porque un investigador serio tendría que tener siempre, en algún rinconcito de su mente, encendida la posibilidad de que su hipótesis principal está equivocada, y tener además un criterio de aceptación de la hipótesis contraria. Es decir, saber qué evidencia le convencería de que está equivocado. Ustedes no tienen ni lo uno ni lo otro.
Aunque el señor Allica pasa de puntillas sobre la inverosimilitud de la teoría que propone, y que aquí he expuesto extensamente, sí se mete en berenjenales probabilísticos para intentar refutarme. Nos dice que yo afirmo que “el hecho de que sea posible que alguien tire un dado doscientas veces y obtenga doscientos seises, significa que es perfectamente normal que alguien lance ese dado esa cantidad de veces y consiga sacar esa misma cantidad de seises”. No es verdad; yo no he afirmado tal cosa. Esto es una típica falacia de hombre de paja: reinterpretar mis palabras de forma que le den la razón a mi adversario.
Vamos a ver. En primer lugar, la probabilidad de eventos que sólo ocurren una vez es un concepto muy problemático. Tan problemático que muchos teóricos niegan que dicho concepto tenga sentido. ¿Cuál es la probabilidad de que un confidente de la Guardia Civil ponga en contacto a un confidente de la Policía de Asturias con un islamista fundamentalista para que éste compre explosivos? Es imposible calcularla: no tenemos espacio de muestra ni forma ninguna de plantear dicho espacio. Intentar aplicar a este tipo de eventos un análisis probabilístico es una falacia. Se sigue que hablar de la probabilidad de que la versión oficial sea cierta carece absolutamente de sentido. Pero no otra cosa nos dice Allica cuando dice que el cúmulo de casualidades, errores y negligencias es inverosímil por improbable.
Pero aún suponiendo que se pudiera hacer dicho análisis, hay otra falacia en el argumento de Allica, una falacia que podemos explorar suponiendo que, de alguna forma, el obstáculo anterior pudiera eliminarse. Una falacia, por cierto, muy común entre quienes no saben probabilidad. Digamos que al señor Pérez, un amigo nuestro, le toca la primitiva. Digamos que tenemos prueba fehaciente de que esto ha ocurrido. Digamos que llego a mi oficina y digo: “¿A que no sabéis a quién le ha tocado la primitiva? Pues a Pérez.” Salta un compañero y me dice: “¡eso es imposible, la probabilidad de que le haya tocado precisamente a él es bajísima!” Por más que yo le insisto que ha sucedido, mi compañero se niega a aceptarlo. Se pone a hacer cálculos y me muestra que es inverosímil que a Pérez le haya tocado la primitiva. Pero el hecho es que le ha tocado. La probabilidad de un evento del que tenemos certeza no es bajísima. Dicha probabilidad es uno. Se sigue que ningún argumento probabilístico puede oponerse a la evidencia de que algo ha ocurrido. El análisis probabilístico de eventos pasados de los que tenemos pruebas empíricas es una insensatez. En el caso del 11-M, Trashorras es nuestro señor Pérez. O mejor dicho, la categoría “confidente de la Policía” es nuestro señor Pérez.
Termino esta breve discusión de probabilidad diciendo que es peligroso invocar argumentos probabilísticos sin ningún cálculo formal. Nuestra intuición probabilística falla más que una escopeta de feria. Hasta John von Neumann, para muchos la mente matemática más brillante del siglo XX, erraba cuando confiaba en su intuición probabilística.
7. El Estado de Derecho en España y las denuncias.
Hay otro argumento de orden general que conviene cubrir: la existencia o no de un Estado de Derecho en España.
En mi réplica anterior hablaba yo de la “batasunización” de un sector de la derecha española. Como si quisiera ejemplificarlo, Allica dedica tres párrafos indignados a defender la idea de que España no es un Estado de Derecho, que las resoluciones judiciales están cien por cien politizadas y que el poder judicial sólo obedece las consignas de Moncloa.
Su argumento es: “no insulte nuestra inteligencia tratando de negar esta realidad”. Que es una forma de argumentum ad hominem: si no estás de acuerdo con Allica eres malvado o tonto. No hay más. Ése es todo el argumento. Estaremos de acuerdo en que es falaz, y que una falacia, por más que se vista de seda, falacia se queda.
Es curioso cómo se tocan los extremos de nuevo. La sumisión del Poder Judicial al Ejecutivo es un argumento recurrente de la izquierda radical, y en particular del sector batasuno. Sorprende que un sector de la derecha española esté de acuerdo en un asunto de tanto peso con el entorno etarra, pero al parecer es así. También sorprende que dicho sector, en un ejercicio de coherencia, no se lance a las calles de Bilbao a acompañar las manifestaciones de Gestoras pro Amnistía, Askatasuna o como quiera que se llamen hoy a las 14:00. Después de todo, si la justicia no es independiente ni objetiva, ninguno de los juicios a etarras tiene la menor validez. Presoak kalera.
Sorprende también que Estrasburgo no se haya enterado de lo mal que está la justicia española. Estos extranjeros no se enteran nunca de nada. Me responderá Allica que Estrasburgo ha tumbado varias sentencias españolas, algunas de tanto calado como la de Gómez de Liaño o la de Barrionuevo. Por supuesto; para eso está el Tribunal. Pero si tan mal estuviera la justicia española, Estrasburgo invalidaría todas las sentencias que fueran recurridas, y no lo hace. Allica puede contestar con evidencia anecdótica, es decir, con dos o tres casos que parezcan darle la razón. Yo contestaré que la evidencia anecdótica no es prueba de nada. Que tiene que demostrar el sesgo político de la justicia de forma general, no en dos o tres casos concretos. Porque nadie niega que pueda haber una cierta cantidad de excepciones; lo que interesa es saber si se trata de un fenómeno generalizado.
Nadie niega que la justicia española es perfectible. Lo cual no implica que esté hecha unos zorros, como pretende el señor Allica. Se nota que no ha vivido en un país sin Estado de Derecho. Se nota mucho, porque no sabe de lo que habla; no sabe de la indefensión jurídica, de la arbitrariedad de fiscales y jueces, de las decisiones prevaricadoras que se experimentan en un país sin ley.
De todas formas, he puesto ejemplos que ponen en duda lo que afirma Allica. He puesto el ejemplo de Guevara actuando contra la fiscalía. Podría añadir que en este país se investigó el terrorismo de Estado contra los deseos del gobierno; que en muchas ocasiones la judicatura y el Constitucional han actuado contra los deseos del gobierno, como cuando se liberó a la cúpula de Herri Batasuna, que si en realidad, la justicia estuviera sometida al ejecutivo no habría apenas diferencias entre lo que pide la fiscalía y lo que fallan los tribunales, ni habría polémicas entre el Supremo y el Constitucional, ni tendría sentido que el tribunal del 11-M hubiera ordenado pruebas no solicitadas por la fiscalía ni, por supuesto, hubiera habido absoluciones y reducciones de condenas, esas absoluciones y reducciones que tanto agradaron a los Peones Negros. Tenemos también el caso de la Operación Nova, en la que varios islamistas fueron absueltos contra los deseos de la fiscalía. Los conspiracionistas como Allica son ciegos a estos matices.
Pero además, no deja de ser curioso que esta supuesta sumisión de la judicatura no haya sido descubierta por nuestros “investigadores” hasta después del 11 de marzo de 2004. Hasta donde sabemos, los conspiracionistas vivían satisfechos con la justicia española la víspera del atentado. Hay, incluso, muchos testimonios de Peones Negros que confiaban en que el tribunal presidido por Gómez Bermúdez dictara una sentencia de acuerdo con las creencias de la versión conspiracionista: descartando las pruebas “falsas”, deduciendo testimonio contra los policías malvados, absolviendo a los “pelanas” inocentes. Yo invito a cualquier lector imparcial a que lea las reacciones de espanto que la sentencia despertó en el blog de Luis del Pino, en tiempo real, el 31 de octubre de 2007. La gente que no podía creer lo que decía el tribunal confiaba en la justicia, hasta el momento en que esa justicia les quitó la razón.
No sé qué opinaba el señor Allica esos días, pero sé que me critica por algo que la mayoría de sus compañeros compartía hasta hace menos de un año: la confianza en la justicia española. Por lo que no parece que mi confianza sea tan absurda.
Y es que el que ha cambiado de opinión es el que tiene que justificar por qué lo ha hecho. Estoy razonablemente seguro de que la mayoría de los peones negros compartían conmigo (con nosotros) dicha confianza razonable el 10 de marzo de 2004. Tienen que justificar, por tanto, por qué han cambiado de opinión. Y por supuesto, no pueden usar la sentencia del 11-M para justificarlo, porque estaríamos de nuevo ante un argumento circular; si no han demostrado que la sentencia prevarica, no pueden usar esa afirmación para perder confianza en la justicia.
Respecto de este punto, y ya termino, Allica cree refutarme cuando dice que sí se han presentado denuncias contra funcionarios negligentes. Dice Allica:
“Se equivoca Areán al decir que nadie ajeno a la conspiración denunció a algunos de esos miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. He de recordarle que durante el juicio del 11M se le solicitó deducción de testimonio a varios de estos defensores del Orden y que previamente el Sindicato de Funcionarios Manos Limpias sí acudió a los tribunales contra varios de ellos. Aquellas denuncias fueron sistemáticamente desestimadas: los defensores de la versión oficial con frecuencia argumentan que episodios “sorprendentes” de la misma pueden explicarse fácilmente a través de la “teoría de la negligencia”. Sin embargo, cuando alguien denuncia a esos personas negligentes, el sistema mira hacia otro lado. Algún día tendremos que hablar de las “negligencias” del 11M. Y peca de osado Areán cuando habla en nombre de “la totalidad” de la Policía y la Guardia Civil, pero ése es un viciodel que me temo que no voy a poder curarle. Porque ahí él juega con ventaja y lo sabe. Igual que juega con ventaja cuando afirma, con toda la razón del mundo, que ningún policía ha declarado ante un juez que la mochila de Vallecas es falsa.”
Aquí hay dos afirmaciones y dos lamentos. La primera afirmación es que “me equivoco”. No hay tal. Yo he dicho que ningún miembro de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado o de la judicatura ha hecho denuncias que avalen la gravedad de las sospechas conspiracionistas. Al “Sindicato” Manos Limpias sólo se le conoce actividad penal. No se sabe qué funcionarios representa, ni se le conoce actividad laboral ni sindical alguna. No consta que represente a ningún policía ni guardia civil. Por tanto, mi afirmación continúa siendo verdadera. Que una entidad ajena a las FCSE y a la judicatura haga denuncias vacías (una de las cuales le ha valido que se abran diligencias contra ella por denuncia falsa) es irrelevante. Lo mismo cabe decir de las deducciones de testimonio. A pesar de lo que diga Allica, sigue siendo cierto que ningún miembro de las FCSE ha presentado denuncia, y esto es lo importante, esto es lo que sería profundamente sorprendente si lo que Allica afirma fuera cierto. Y no es que yo hable por todas las FCSE. Es que ellas, con su atronador silencio al respecto, hablan por sí mismas.
Allica intenta decirnos (en otro sitio de su escrito) que lo que sucede es que se tiene amenazados a los policías y guardias civiles, y para ello nos habla de la persecución de Garzón (antes héroe anti GAL y anti ETA, y ahora convertido en malvado prevaricador, en el enésimo ejercicio de sesgo cognitivo) contra los peritos del ácido bórico. Nada más falso. Garzón no imputó a los peritos hasta septiembre de 2006, y sólo a raíz de que el escándalo estallara gracias a “informaciones” periodísticas. En otras palabras, los peritos no movieron pieza. No presentaron denuncias. Pero además esto ocurrió dos años y medio después del atentado. ¿Cómo pretende Allica que creamos que un “castigo” aplicado dos años y medio después pudo escarmentar retroactivamente a los miembros de las FCSE durante todos esos meses anteriores? Por lo demás, el “castigo” se limitó a una imputación que fue casi inmediatamente archivada por el juzgado competente. ¿De verdad es esto una persecución tan terrible que para los miembros de las FCSE, bregados en mil batallas, resulta imposible de superar? ¿Algo tan tremendo que les impide dar un paso al frente y decir: “yo sé que os han contado una mentira sobre quién mató a casi doscientos conciudadanos”? Qué pobre opinión tiene Allica sobre nuestras FCSE. Piensa que todos son unos cobardes capaces de guardar silencio ante tamaño crimen, arredrados por un cachete. Yo pienso que no son así. Pienso que son, en su abrumadora mayoría, gente valiente, honesta y entregada a la protección de los ciudadanos, a la que nada ni nadie podría hacer callar, si se diera la circunstancia de que conocieran este terrible secreto.
La segunda afirmación es falsa por partida doble. Hablar de “defensores de la versión oficial” es tan absurdo como hablar, a estas alturas, de “defensores de la teoría heliocéntrica”. No se trata de defender versiones; se trata de defender una metodología para llegar a la verdad, y confiar en que dicha metodología funciona. No otra cosa hacemos los anticonspiracionistas. La segunda razón por la que la afirmación es falsa es que nadie habla de una teoría de la negligencia. Tal cosa es un hombre de paja. Yo, por lo menos, no creo que haya habido negligencias significativas durante la investigación del 11-M. Otra cosa, por supuesto, es preguntarse si hubo negligencias previas, y si el atentado podría haber sido evitado. Esto es la pregunta del millón, y yo no me atrevo a contestarla porque no me siento experto. Veo con preocupación que el tráfico de explosivos en Asturias estaba totalmente fuera de control, tal vez con el conocimiento de ciertas autoridades; veo también con preocupación que la UCIE falló al evaluar el riesgo de los islamistas que vigilaban. Pero, ¿negligencia criminal? Es muy difícil decirlo. Nadie ha sido llevado a los tribunales estadounidenses por haber sido incapaz de predecir el 11-S. Porque para que exista negligencia no basta con bajar la guardia o cometer una equivocación; es necesario tener una actitud sistemática de dejación de funciones o una conducta puntual muy grave. Un símil: un camionero sobrio y descansado que provoca un accidente por un momento de distracción no es culpable de negligencia criminal. Lo sería si estuviera ebrio o si hubiera conducido más horas de las que señala la ley. No todo error es una negligencia. No toda negligencia es perseguible penalmente. Dicho esto, también digo: si los conspiracionistas, en vez de perderse en teorías absurdas sobre el CNI, logran probar negligencias, seré yo el primero en felicitarles. Por primera vez en cuatro años, habrán hecho algo útil.
Los lamentos son absurdos. Allica nos dice, en primer lugar, que las denuncias han sido archivadas. Su lectura es que la justicia mira hacia otro lado. Nuevamente, peca esto de ser un argumento circular. Esto sería cierto si existieran funcionarios negligentes. Pero lo que no ha demostrado Allica (ni ningún conspiracionista) es que esto sea cierto. Por tanto, presupone lo que quiere probar. El juzgado de Madrid en el que se denunció a una docena de mandos policiales recibió, como evidencia, ¡recortes de diarios! Esas son las pruebas de Manos Limpias: humo escrito. ¿Alguien se pregunta por qué fueron archivadas esas denuncias? ¿Alguien piensa que esto es serio? Lo mismo puede decirse de la denuncia del “sindicato” contra Juan del Olmo. La justicia funciona precisamente porque no permite que tales delirios prosperen.
El segundo lamento es que “juego con ventaja”. Por supuesto. Lo he sabido desde el primer día. Juego con ventaja porque decir que la Tierra continúa girando y por tanto veremos al Sol aparecer por el oriente mañana por la mañana, contra alguien que lo niega, es jugar con ventaja. Juego con ventaja porque lo que digo es verdad. Menuda ventaja tengo.
Con esto termino este largo análisis de los argumentos generales de Allica, en el que creo haber demostrado lo siguiente:
1) Allica falta a la verdad cuando dice que no teoriza.
2) Allica falta a la verdad cuando dice que sólo hace relaciones de hechos.
3) Los argumentos de Allica cumplen, a pie juntillas, la metodología falaz de una teoría conspiracionista.
4) De hecho, y dado lo anterior, la teoría de Allica es una teoría conspiracionista.
5) La teoría de Allica tiene, como premisas no explícitas, un conjunto de prejuicios políticos, un profundo sesgo ideológico y postulados no demostrados sobre el CNI.
6) Allica no ha logrado refutar la inverosimilitud de su teoría, que es más evidente, si cabe, después de la exposición que he hecho.
7) Allica no tiene pruebas de lo que afirma
8) El argumento probabilística de Allica es falaz
9) La desconfianza de Allica en la justicia española no está avalada por los hechos.
10) La incapacidad del conspiracionismo por formular una denuncia que prospere es evidencia del fracaso del conspiracionismo.
En una siguiente entrega, abusando de la paciencia del editor, hablaré de los puntos más especifícos que discute Allica y de su defensa numantina de la Asociación Peones Negros (defensa que, como veremos, se ha basada en el lamentable recurso de escudarse en las víctimas). Espero que sea mucho más breve.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
