28-08-2008, 16:45:30
Entrevista completa al juez Bermúdez (I) . Negritas, mías.
Quote:Aquella tarde, mientras esperábamos que nuestros focos fueran y vinieran entre los recovecos de la Audiencia Nacional, el juez Javier Gómez Bermúdez (Málaga, 1962) me pareció un hombre que soportaba el peso del mundo sobre los hombros. Que había aprendido a gestionar la responsabilidad a fuerza de entrenamiento: contra la ansiedad, acción; contra el miedo, trabajo; contra la incertidumbre, determinación. Así de fácil, así de difícil. Posó con paciencia y disciplina durante horas. "Entiendo", dijo, "que para hacer las cosas bien se necesita tiempo". Habló muy poco, quizá también porque nadie se atrevió a hacerle demasiadas preguntas, más allá de la pura y tímida cortesía. No había dictado aún la sentencia, y el acuerdo al que habíamos llegado apenas comenzado el macrojuicio sobre los atentados del 11 de marzo de 2004 era que, mientras no se hiciera pública, Gómez Bermúdez no diría ni palabra.Obsérvese que esta periodista, implícitamente, desmiente la tontería esa de que Gómez Bermúdez anunció que algunos saldrían "caminito de Jerez".
Quote:Pidió aparecer en las imágenes con la medalla que había heredado de su abuelo, el juez Bermúdez del Río, represaliado por Franco al final de la Guerra Civil, primero encarcelado y luego inhabilitado de por vida para ejercer la judicatura. Escuchamos música clásica mientras la fotógrafa trabajaba, charlamos sobre una de las estilográficas que colecciona. Me contó que había cambiado los cuadros de su despacho por litografías de Canogar. No se apartó un milímetro del 'usted'. Los dos sabíamos que todos eran detalles fotogénicos pero sabidos, que no era el momento de las confidencias, ni siquiera de la conversación, sino de la espera. El juez parecía tranquilo, pero también lo parecen los días de tormenta.
Esta entrevista y las fotos que la acompañan están separadas por 12 meses y una montaña rusa mediática. De arriba abajo, de cero a cien. En titulares: del "Superjuez" a "El fracaso de la Justicia", según El Mundo del 18 de julio de 2008, un día después de que el Tribunal Supremo se pronunciara sobre la sentencia dictada por la Audiencia Nacional. Aquella tarde era 20 de mayo de 2007 y el juez Gómez Bermúdez parecía todavía un punto de encuentro imposible en las dos líneas paralelas hasta el infinito en las que se había convertido la política española desde el 11-M. Sobrevivía en el centro de la brecha en un equilibrio impensable. No había medio de comunicación que no le persiguiera, que no hubiera tomado posiciones y dictado sentencia previa, pero tampoco que no hubiera alabado, de una u otra forma, cómo cada día, delante de las cámaras, Bermúdez orquestaba los testimonios de 600 testigos, 29 procesados y 49 abogados, 100.000 folios de sumario. Cómo estaba siendo capaz de no añadir decepción al terrible dolor de 2.050 víctimas. Bermúdez amonestaba, ordenaba o consolaba y todos comprendíamos que aquello iba más allá de la eficacia, que tenía que ver con lo que entendemos por autoridad, con lo que intuimos que es la Justicia.
El 27 de noviembre de 2007 lo vi en la presentación de La soledad del juzgador, (Ed. Temas de Hoy), el libro que sobre el proceso del 11-M y con su foto en portada había publicado Elisa Beni, su mujer y entonces jefa de prensa del Tribunal Superior de Justicia. Gómez Bermúdez se sentó en la primera fila de una sala con muchos periodistas y pocos jueces. Parecía, por primera vez, incómodo delante de una cámara. "El CGPJ abre una investigación sobre el libro de la mujer de Gómez Bermúdez". "El juez Bermúdez pide disculpas a Pilar Manjón", titulaban El Mundo y El País al día siguiente. Unas semanas después, el 16 de enero de 2008, el presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Francisco José Hernando, anunciaba el despido de Beni por "pérdida de confianza" en ella. El juez tenía un punto débil, al menos un resorte que respondía a la presión. No canceló nuestra entrevista pero la aplazó. ¿Hasta cuándo? Sin fecha. Nos encontramos en su despacho durante cinco minutos con la excusa de que viera las fotos. Estaba decepcionado; me dijo que no veía la necesidad de aclarar nada ni de contestar a nada más allá de la sentencia. Para qué continuar con la entrevista entonces. Mis razones -le expliqué-, para que apareciera en el primer número de Vanity Fair no habían cambiado: era el juez que se había enfrentado al desafío judicial más importante de la democracia española. Esperaba de su independencia que las suyas tampoco. Así fue. Esta es su primera y única entrevista desde que comenzó el juicio por los atentados del 11-M.
Quote:-¿Cómo se gestiona la presión en un proceso así, cuando todo transcurre de una manera tan pública?Esta parte de la entrevista, intencionadamente estilizada y sesgada, ha levantado orgías de insultos entre los peones. En relaidad Gómez B. deja bien claro que no le interesa, al menos por el momento, la política, y dice haber recibido algunas ofertas sin concretar de qué lado del espectro político
-Todo el mundo dice que cuando hay una situación de máxima tensión mi serenidad es pasmosa. Que parezco de hielo. No tiene nada que ver con cómo te sientes por dentro; por dentro eres una olla a presión. Lo que te salva es pensar en el día a día. Imaginaba 15 o 20 escenarios distintos para cada sesión, diferentes conflictos... A lo mejor sólo una de esas posibilidades ocurría, pero entonces ya tenía la solución preparada. Ayudó mucho también la actitud de las víctimas. Llegaron demandando justicia y a poco que les ofrecimos la escenificación formal de que perseguíamos eso, hacer justicia, plegaron sus sentimientos y lo sometieron todo al criterio del tribunal. Lo cierto es que lo que continúa pareciéndome impensable a día de hoy es que todo saliera bien, casi al cien por cien. Supongo que además tuve fortuna, en la vida también es necesaria. Mucho trabajo y un poco de suerte.
Seguramente necesitó de las dos cosas para recorrer el camino que va de Torrox, el pueblo de Málaga donde empezó su carrera en 1987, a la presidencia de la Sala de lo Penal. Dos años después ya era magistrado gracias a un decreto que creaba 200 nuevos juzgados de lo Penal. "Estuve hasta 1999 en la Audiencia Provincial de Almería y me enteré de que había una plaza disponible en comisión de servicio en la Audiencia Nacional. Como no conocía a nadie allí, llamé para preguntar. Entonces era presidente Siro García. Me contestó un señor muy amable al que procuré hablar de usted para no parecer tan joven y le expliqué: 'Mire, soy fulano de tal, me he enterado de lo de la plaza, aunque supongo que ya estará adjudicada'. 'Pues no', me contestó, 'don Siro nunca tiene las plazas dadas de antemano, así que mande usted su currículum si está interesado’... Así lo hice, y al rato me llamó. 'Mire, don Siro está muy interesado, ¿puede venir mañana para una entrevista?'.
-Consiguió la plaza, así que imagino que la entrevista fue bien.
-La conseguí, luego en propiedad desde 2002, pero la entrevista fue un desastre. Me preguntó por qué quería venir a Madrid y no se me ocurrió contestarle más que, 'pues mire, porque mi esposa está trabajando aquí desde octubre'. Y en ese momento pensé, pero eres tonto, ¡cómo se te ocurre! Menos mal que también le expliqué que me interesaban las competencias de la Audiencia, los delitos económicos... Fue una conversación muy breve y muy cordial, me marché y lo primero que le dije a mi mujer fue: 'Bueno, no me cogen ni de casualidad'. A los tres o cuatro días me llamaron diciéndome que querían que me incorporara.
Cuando habla de su mujer se refiere a su segunda esposa, Elisa Beni. Gómez Bermúdez, que tiene dos hijas de su primer matrimonio, se casó en 1988 y se divorció 11 años después. Una historia tradicional con un final inesperado. ¿Tiene la sensación de haber sido demasiado convencional?
-No. No lo creo, lo que siempre he procurado es no molestar. Lo detesto. Si no desentonar significaba llevar jerséis Pulligan y cuello de pico, pues se llevaba. No me considero una persona especialmente conservadora, siempre he tenido un pensamiento social profundo, me preocupa mucho la falta de caridad, de humildad y de tolerancia. Todos tenemos una forma de ver el mundo, incluidos los jueces.
-Usted mismo dijo: "Desconfío de los que presumen de no tener ideología". Con la suya se ha especulado mucho.
-Sí, se me ha colocado en un lado y luego en otro del espectro político. No me atrevo a definir mi ideología. Si dijera que soy conservador, mentiría. Me considero bastante tolerante en muchas cuestiones: los distintos modelos de familia que existen en nuestra sociedad, el drama del aborto ... En cualquier caso, creo que quien lea mis resoluciones sacará la conclusión de que mis sentencias son muy frías, nada apasionadas. No hay pasión ni implicación sentimental. Juzgo desde la perspectiva de un técnico que tiene que resolver un problema. Siento que unos y otros se hayan sentido decepcionados.
-Aún así, estoy segura de que ha recibido ofertas políticas.
-Pecaría de vanidad si dijera que sí, pero mentiría si dijera que no.
-¿Alguna le ha tentado?
-No me interesa la política. No me importa decirlo abiertamente.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
