Pío Moa contestó al poco de publicarse el libro de Carcedo:
Campaña difamatoria. El espíritu de la checa
Y algunos se pusieron como fieras con Sáenz de Santamaría:
Difamar desde la tumba: Sáenz de Santamaría y el Imperio Progre
Aunque se explica más claramente contestando irónicamente a Guerra, y citando de paso a Barrionuevo (que dice lo mismo que Moa) en Un gran hombre:
Campaña difamatoria. El espíritu de la checa
Y algunos se pusieron como fieras con Sáenz de Santamaría:
Difamar desde la tumba: Sáenz de Santamaría y el Imperio Progre
Aunque se explica más claramente contestando irónicamente a Guerra, y citando de paso a Barrionuevo (que dice lo mismo que Moa) en Un gran hombre:
Quote:Donde patina de lo lindo don Alfonso es en lo referente a mi persona. No recuerdo los rumores que él asegura, y no voy a proponerle que lea mi libro De un tiempo y de un país o el último capítulo de Los crímenes de la guerra civil, cuya áspera prosa displacerá, bien lo sé, al refinado paladar literario de nuestro prohombre. Además, a mi creencia de que el Grapo estaba entonces libre de infiltraciones le faltaba la comprobación de quien sí podía saberlo con certeza, es decir, de la policía. Pero él, en cambio, ha tenido a su disposición, durante muchos años, todos los archivos y los testimonios policiales para aclarar el “extraño secuestro” (y otras extrañezas como el GAL). Por eso no puede permitirse hablar ahora como un periodista ignaro y enredar.
Tenemos además el testimonio de otra persona bien informada, por haber dirigido la policía durante varios años de gobierno socialista, es decir, Barrionuevo. En su libro 2001 días en Interior, el ex ministro escribe: “La pereza mental de algunos resiste todas las evidencias. En algún momento algún listo dictaminó que el GRAPO no era un grupo terrorista conveniente, que sus actuaciones eran sospechosas y que de alguna manera estaba influido por la policía. Desde que se formularon por primera vez estas absurdas e infundadas teorías se había avanzado considerablemente, con información plenamente contrastada, sobre los orígenes, desarrollo, composición y fines de los GRAPO (…) Pero daba igual. Los listos habían emitido su dictamen y no lo modificaron” (p. 190) No era pereza mental, precisamente, pero aquí da lo mismo: ¿por qué se suma Guerra, a estas alturas, al pelotón de los “listos”? Quizá por un fallo de la memoria, algo común en los grandes hombres.
Y, hablando del rey de Roma, es bien sabido que el PSOE era probablemente el partido más infiltrado por la policía. En su muy interesante y documentado libro Clandestinos, Gómez Fouz ha mostrado cómo en Asturias varios dirigentes socialistas ejercían de confidentes policiales, entre ellos uno que ha seguido año tras año como verdadero amo del socialismo asturiano. Gómez Fouz me ha comentado su convicción de que el caso de Asturias distaba mucho de ser único. Por lo demás, la infiltración o manipulación iba más allá de la policía española. Oigamos, por ejemplo, a Carrillo sobre la inconclusa investigación del caso Flick: “En la Comisión del Congreso tuvo que comparecer el representante de Flick, que se llamaba Von Brauchitsch. En su interrogatorio intervine con la siguiente pregunta: Tengo entendido que el señor Flick fue condenado por el Tribunal de Nuremberg como criminal de guerra nazi. Y creo que usted es hijo del que fue jefe del Estado mayor de Hitler. Me supongo que ideológicamente no existe afinidad alguna entre ustedes y el PSOE. Entonces, ¿cómo se explica que ustedes financiasen al PSOE? El señor Von Brauchitsch no vaciló en su respuesta: Tratábamos de cerrar el paso al comunismo. Y el partido mejor situado para hacerlo era el PSOE” (p. 608).
A decir verdad, el PCE®-Grapo es uno de los partidos mejor estudiados y aclarados de la transición –excepto para quienes no quieren enterarse, pero ahí no hay nada que hacer. Del PSOE, en cambio, subsisten muchos puntos oscuros en cuanto a infiltraciones, manipulaciones y aportes de dudoso origen, que tanto ayudaron a convertirlo en el primer partido de la izquierda. Quizá un día el señor Guerra, cuando recupere plenamente la memoria, podrá ilustrarnos al respecto.
Por otra parte, con su evidente calumnia, don Alfonso ofrece a los terroristas un excelente pretexto para tomar “venganza” por una infiltración que nunca ocurrió. Esto tiene mucho de provocación típicamente polizontesca o, desde otro punto de vista, de colaboración con los asesinos. Una auténtica canallada, a primera vista. Sin embargo creo que ha sido perpetrada sin mala intención. Simplemente, los grandes hombres tienen estos despistes. ¿O estoy equivocado?
