Monty Logan:
La cosa está como sigue. Un Tribunal, compuesto por tres jueces (tan librepensadores como Atalanta mientras no se demuestre lo contrario), ha valorado una serie de pruebas aportadas por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (pruebas que fueron obtenidas bajo la supervisión de un juez instructor y la dirección de la Fiscalía de la Audiencia Nacional), condenando razonadamente a una serie de terroristas por haber asesinado a 192 personas, por haber colaborado con esos terroristas o por formar parte del mismo grupo terrorista. Adicionalmente, otro Tribunal (el Supremo) ha revisado la Sentencia y la ha corregido en lo que ha considerado oportuno.
Entre las pruebas valoradas y revisadas se encuentran varias reivindicaciones de ese mismo grupo terrorista, asumiendo su autoría y explicando sus particulares razones; entre las pruebas valoradas y revisadas se encuentran los análisis químicos de los explosivos que se utilizaron para cometer los atentados, así como el origen de los mismos; entre las pruebas valoradas y revisadas se encuentran las declaraciones de cientos de testigos, investigadores y especialistas; y así un largo etcétera de pruebas valoradas y revisadas.
Que los atentados fueron por culpa de la Guerra de Irak no lo decimos nosotros ni lo dice ninguna versión oficial: lo dijeron los propios terroristas en sus reivindicaciones, todas ellas admitidas como pruebas valoradas y revisadas. Que el explosivo que utilizaron fue Goma-2 ECO de Mina Conchita no lo decimos nosotros ni lo dice ninguna versión oficial: lo dicen los números de serie de los envoltorios encontrados en Leganés, lo dicen los recorridos de los móviles de los terroristas durante los días 27 y 28 de Febrero anteriores a los atentados, lo dicen el tipo de detonadores encontrados en los escenarios investigados y lo dicen los análisis químicos, todas ellas admitidas como pruebas valoradas y revisadas. Que Jamal Zougham estuvo en los trenes minutos antes de cometerse los atentados no lo decimos nosotros ni lo dice ninguna versión oficial: lo dicen testigos presenciales que le vieron en los trenes aquella mañana, testimonios admitidos como pruebas, valorados y revisados.
Que una muestra de un foco de las 12 explosiones no haya llegado a Juicio (en el caso de ser cierto que no haya llegado) no invalida los resultados de los análisis realizados al resto de muestras, ni invalida el recorrido que hicieron los terroristas para hacerse con el explosivo de Mina Conchita, ni invalida los números de serie de los envoltorios encontrados en Leganés, ni invalida el hecho de que los detonadores encontrados sólo fuesen utilizados en Mina Conchita. Es decir, no invalida el hecho de que los terroristas utilizaran como explosivo la Goma-2 ECO que obtuvieron de Mina Conchita. De hecho, un no-análisis (en caso, repito, que sea cierto que no se analizara esa muestra) no es demostración de nada; ni tan siquiera de una supuesta ocultación, dado que existen otras múltiples posibilidades.
De la misma forma, que dos testigos vieran a Jamal Zougham el día 10 por la noche en un gimnasio no invalida los testimonios de quienes le vieron en los trenes al día siguiente; de hecho, no tiene ningún significado relevante para probar o descartar que fuese Jamal Zougham quien colocase al menos una de las bombas que mataron a 191 personas aquella mañana. Ni tan siquiera, como pretende Luis del Pino, es prueba de que Jamal Zougham no participase en el montaje de las bombas (algo, por otra parte, por lo que no ha sido condenado, dado que no existen pruebas de que lo hiciese, de forma que es absurdo aportar una coartada a algo de lo que no se es responsable).
Los periodistas crean opinión (muy respetable, pero opinión) y cada cual es muy libre de aceptarla o no; los Tribunales valoran pruebas y condenan o absuelven en consecuencia. Aun cuando las conclusiones de un Tribunal son falibles, lo cierto es que todas las opiniones periodísticas acerca de esas conclusiones nunca han pasado de ser simples y meras opiniones que no alteran la valoración de las pruebas realizadas por los Tribunales, por muy bien redactadas que estén o por muy morbosas que puedan resultar al lector esas opiniones.
La cosa está como sigue. Un Tribunal, compuesto por tres jueces (tan librepensadores como Atalanta mientras no se demuestre lo contrario), ha valorado una serie de pruebas aportadas por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (pruebas que fueron obtenidas bajo la supervisión de un juez instructor y la dirección de la Fiscalía de la Audiencia Nacional), condenando razonadamente a una serie de terroristas por haber asesinado a 192 personas, por haber colaborado con esos terroristas o por formar parte del mismo grupo terrorista. Adicionalmente, otro Tribunal (el Supremo) ha revisado la Sentencia y la ha corregido en lo que ha considerado oportuno.
Entre las pruebas valoradas y revisadas se encuentran varias reivindicaciones de ese mismo grupo terrorista, asumiendo su autoría y explicando sus particulares razones; entre las pruebas valoradas y revisadas se encuentran los análisis químicos de los explosivos que se utilizaron para cometer los atentados, así como el origen de los mismos; entre las pruebas valoradas y revisadas se encuentran las declaraciones de cientos de testigos, investigadores y especialistas; y así un largo etcétera de pruebas valoradas y revisadas.
Que los atentados fueron por culpa de la Guerra de Irak no lo decimos nosotros ni lo dice ninguna versión oficial: lo dijeron los propios terroristas en sus reivindicaciones, todas ellas admitidas como pruebas valoradas y revisadas. Que el explosivo que utilizaron fue Goma-2 ECO de Mina Conchita no lo decimos nosotros ni lo dice ninguna versión oficial: lo dicen los números de serie de los envoltorios encontrados en Leganés, lo dicen los recorridos de los móviles de los terroristas durante los días 27 y 28 de Febrero anteriores a los atentados, lo dicen el tipo de detonadores encontrados en los escenarios investigados y lo dicen los análisis químicos, todas ellas admitidas como pruebas valoradas y revisadas. Que Jamal Zougham estuvo en los trenes minutos antes de cometerse los atentados no lo decimos nosotros ni lo dice ninguna versión oficial: lo dicen testigos presenciales que le vieron en los trenes aquella mañana, testimonios admitidos como pruebas, valorados y revisados.
Que una muestra de un foco de las 12 explosiones no haya llegado a Juicio (en el caso de ser cierto que no haya llegado) no invalida los resultados de los análisis realizados al resto de muestras, ni invalida el recorrido que hicieron los terroristas para hacerse con el explosivo de Mina Conchita, ni invalida los números de serie de los envoltorios encontrados en Leganés, ni invalida el hecho de que los detonadores encontrados sólo fuesen utilizados en Mina Conchita. Es decir, no invalida el hecho de que los terroristas utilizaran como explosivo la Goma-2 ECO que obtuvieron de Mina Conchita. De hecho, un no-análisis (en caso, repito, que sea cierto que no se analizara esa muestra) no es demostración de nada; ni tan siquiera de una supuesta ocultación, dado que existen otras múltiples posibilidades.
De la misma forma, que dos testigos vieran a Jamal Zougham el día 10 por la noche en un gimnasio no invalida los testimonios de quienes le vieron en los trenes al día siguiente; de hecho, no tiene ningún significado relevante para probar o descartar que fuese Jamal Zougham quien colocase al menos una de las bombas que mataron a 191 personas aquella mañana. Ni tan siquiera, como pretende Luis del Pino, es prueba de que Jamal Zougham no participase en el montaje de las bombas (algo, por otra parte, por lo que no ha sido condenado, dado que no existen pruebas de que lo hiciese, de forma que es absurdo aportar una coartada a algo de lo que no se es responsable).
Los periodistas crean opinión (muy respetable, pero opinión) y cada cual es muy libre de aceptarla o no; los Tribunales valoran pruebas y condenan o absuelven en consecuencia. Aun cuando las conclusiones de un Tribunal son falibles, lo cierto es que todas las opiniones periodísticas acerca de esas conclusiones nunca han pasado de ser simples y meras opiniones que no alteran la valoración de las pruebas realizadas por los Tribunales, por muy bien redactadas que estén o por muy morbosas que puedan resultar al lector esas opiniones.
