11-03-2009, 06:25:36
Pues ¡hala! ya tenemos aquí la muestra de la miseria moral de estos dos sinvergüenzas: Del Pino y Pedro Jota.
Obsérvese cómo se re calca que "cobraron indemnizaciones a pesar de que no viajaran en los vagones que explotaron".
La mayoría de las víctimas no mortales viajaban en vagones que no explotaron. Por eso se salvaron, por eso cobran tan poco en relación a otras víctimas:
Obsérvese cómo se re calca que "cobraron indemnizaciones a pesar de que no viajaran en los vagones que explotaron".
La mayoría de las víctimas no mortales viajaban en vagones que no explotaron. Por eso se salvaron, por eso cobran tan poco en relación a otras víctimas:
Quote:'In dubio', 40.000 años de cárcel
La condena a Zougam, el único autor material, se sostiene en tres testimonios dudosos
LUIS DEL PINO. Especial para EL MUNDO
Madrid
En lo único en que se basa la condena contra Jamal Zougam como autor del 11-M es en los reconocimientos oculares de algunos testigos de los trenes, que dicen haberle visto aquella mañana.Ninguno afirma que lo vio colocar algún paquete sospechoso en los lugares donde luego estallaría un artefacto, pero todos aseguraron, sin género de dudas, haberle reconocido en alguno de los vagones atacados.
La versión de Zougam
Los listados de ubicaciones telefónicas del número 626519296 que usaba Zougam demuestran que se encontraba en su casa a las 11.25 horas. A las 13:02 estaba en su tienda, como demuestra la llamada siguiente efectuada con ese mismo número.En coche, se tardan 20 minutos desde su piso hasta su tienda de la calle de Tribulete, así que tuvo que salir de casa entre las 11.30 y las 12.40.
Eso no demuestra de forma indubitada que Zougam no cometiera el atentado. Podría haberse levantado muy temprano, haber ido a poner una bomba y haber vuelto después a su casa. Pero no sería un comportamiento lógico: ¿para qué iba a ir desde la estación de tren en la que se bajara hasta su casa, arriesgándose a que algún vecino le viera volver a esa hora de la mañana?
¿Cuánta gente vio a Zougam?
A lo largo del sumario, aparecen ocho personas que dicen haber reconocido a Zougam en los trenes.Si las ocho estuvieran diciendo la verdad, tendría que haber incumplido las leyes de la física. El tribunal se quedó con sólo tres testimonios, de tres víctimas rumanas, que situaban a Zougam en el tren de Santa Eugenia.
eEl testigo R-10. El primero de los testigos, un varón rumano, afirmó ante la Policía y ante el juez Del Olmo que vio a Zougam subirse en el vagón 4 del tren de Santa Eugenia al llegar a la estación de Torrejón de Ardoz. Le describe como de «1,80 aproximadamente, complexión normal, pelo despeinado, moreno, largo hasta los hombros y liso, con cara alargada y gran nariz, con piel morena, con rasgos del tipo de un gitano o un indio. Que vestía un tres cuartos de color negro y pantalones vaqueros. Portaba una gran mochila de color negro, la cual se encontraba bastante llena y con cierto peso».
En la rueda de reconocimiento original, celebrada el 26 de marzo de 2004 en la prisión de Soto del Real, en la que el único árabe de los que componían la rueda era Jamal Zougam, dice reconocerle, aunque manifiesta que el pelo del hombre que él vio era más liso.En el juicio, ni siquiera acudió a prestar testimonio, pero el tribunal tuvo en cuenta sus declaraciones anteriores. La sentencia le reconoce una indemnización superior a los 60.000 euros por una lesión auditiva leve.
La testigo C-65
Es una mujer también de origen rumano, aunque obtuvo la nacionalidad española a partir del atentado. De acuerdo con su ficha de afiliación a una asociación de víctimas, sólo tenía secuelas psicológicas. Sin embargo, según la sentencia del 11-M, tiene hipoacusia izquierda, y se le concede una indemnización de 53.800 euros.
No presta declaración ante la Policía hasta el 1 de abril, 20 días después del atentado. Dice que, cuando el tren estaba entre las estaciones de Torrejón y Coslada, vio a Zougam pasar del vagón 5 al vagón 6 del tren. Hay que resaltar que, entre las estaciones de Torrejón y Coslada hay otra estación intermedia, que es San Fernando. La testigo afirma que el hombre que vio medía 1,80, tenía complexión media, vestía cazadora oscura y portaba una bolsa de color oscuro y de tamaño medio.
Luego, ante el juez Del Olmo, cambia ligeramente su versión, y dice que aquel hombre la empujó en el hombro antes de cambiar de vagón, cosa que no había dicho en su primera declaración ante la Policía. Asimismo, lo que en la primera declaración era una bolsa de deportes se transforma ahora en una mochila cuadrada, y la cazadora oscura de su primera declaración se convierte en un anorak gris o azul oscuro.
Finalmente, en el juicio, la testigo da una tercera versión: afirmando que la persona que vio llevaba una chaqueta azul-gris oscuro y una mochila azul «clarito». También precisó un poco más en qué momento exacto vio a Zougam: entre las estaciones de San Fernando y Coslada.
La testigo J-70
No aparece hasta un año después de los hechos.Declaró ante el juez Del Olmo el 12 de abril de 2005 y resulta ser una amiga, también rumana, de la testigo anterior. El tribunal le ha concedido una indemnización de 48.000 euros por daños psicológicos.
Según su declaración ante el juez Del Olmo, iba sentada al lado de su amiga en el vagón -lo que C-65 no había desvelado en sus declaraciones- y dice que la persona que rozó en el hombro a su amiga «podía medir aproximadamente 1,76. Tenía una cara muy rara, de boca grande y nariz grande y reflejaba tensión en la cara. Que iba vestido con una cazadora de color azul oscuro y pantalón oscuro. Llevaba una mochila que también era de color oscuro, que era una mochila grande». Posteriormente, en el juicio, cambiaría ligeramente su versión y diría (como su amiga) que la mochila que llevaba el hombre era de color azul clarito.
Contradicciones
Si se analizan con cuidado esos testimonios, lo primero que llama la atención es su endeblez. R-10 no acudió a la vista y, cuando declararon por primera vez C-65 y J-70, la fotografía del acusado había sido ampliamente difundida por los medios de comunicación. Además, los tres testigos han recibido fuertes indemnizaciones, a pesar de que dos de ellos no viajaban en ninguno de los vagones atacados. Para colmo, las declaraciones no parecen muy compatibles ni en cuanto a la vestimenta, ni en cuanto al tipo de bulto que dicen que portaba.
El relato
Si sus declaraciones fuesen ciertas, ésta sería la secuencia de los hechos: el primer testigo (R-10) afirma haber visto a Zougam subir en la estación de Torrejón al vagón 4 del tren, que llegó a las 7.23 horas. Es decir, que cogió el tren para depositar su artefacto 16 minutos antes de la hora programada de explosión (las 7.39). No parece un margen muy prudente.
Las dos amigas rumanas dicen que le vieron pasar del vagón 5 al vagón 6 entre las estaciones de San Fernando y Coslada, llevando consigo su mochila. Por tanto, a eso de las 7.29, Zougam no había depositado todavía el artefacto. ¡A 10 minutos de la hora programada de explosión!
En el tren de Santa Eugenia, sólo explotó un artefacto, precisamente en el vagón 4. Lógicamente, si Zougam pasó al vagón 6 entre San Fernando y Coslada, tendría que haber pasado luego otra vez del vagón 6 al 5 y de éste al 4 con su mochila, para depositarla en este último vagón. Y se supone que se bajaría en Vicálvaro, ¡a menos de cinco minutos para que la bomba explotara!
Para que Zougam hubiera podido depositar su artefacto en el vagón 4, tendría que haber vuelto sobre sus pasos casi inmediatamente, abriendo de nuevo la puerta de separación de los vagones 6 y 5 y pasando otra vez, con su mochila, al lado de las dos amigas rumanas. Resulta difícil que éstas no se fijaran en que aquel hombre maleducado que había empujado a una de ellas volvía a pasar al lado suyo. Sin embargo, ninguna de las dos menciona que ese hombre pasara de nuevo inmediatamente hacia el vagón 4.
¿Son tan absolutamente contundentes estos reconocimientos como para condenar a un hombre a 40.000 años de cárcel basándose exclusivamente en ellos?
Quote:EDITORIAL
11-M: desidia, desplante y nuevas dudas
LA AUSENCIA de un verdadero acto de homenaje a las víctimas del 11-M por parte de las autoridades en un aniversario redondo como el de hoy sólo puede responder o a un torpe empeño por olvidar el mayor atentado de nuestra historia, o al interés por echar tierra sobre un asunto que esconde todavía muchos e incómodos interrogantes o, aún peor, a ambas razones a la vez. Cualquiera que sea la respuesta es una bofetada a la memoria de las 191 personas asesinadas hace cinco años en Madrid y a los casi 2.000 heridos de la masacre.
De entrada, la organización de unos actos dispersos, de perfil bajo y a cuál más deslucido, contrasta con lo ocurrido en años anteriores, cuando la conmemoración fue más unitaria y contó con la presencia de las principales autoridades del país, desde los Reyes a los Príncipes o al presidente del Gobierno. Es incomprensible, por ejemplo, que el Ayuntamiento de Madrid haya suprimido el tradicional homenaje en el monumento dedicado a las víctimas frente a la estación de Atocha y lo haya sustituido por un frío minuto de silencio al que ni siquiera han sido invitadas las asociaciones de afectados. Da la sensación de que a algunos políticos les interesa pasar esa página de la Historia cuanto antes, reduciendo el atentado a un problema de la legislatura anterior, que ya no tiene hueco en la presente.
La simple comparación con la forma en la que los estadounidenses rememoran cada año a sus víctimas del 11-S causa sonrojo. En el quinto aniversario, por ejemplo -o sea, en 2006-, Bush hizo un discurso televisado y en hora punta desde la Casa Blanca centrado en la guerra contra el terrorismo y hubo actos en recuerdo de las víctimas en la Zona Cero, en el Pentágono y en Pensilvania.
Pero si ya resulta desalentadora la actitud de las autoridades para afrontar una efeméride como la del 11-M, sólo cabe calificar de bochornosa y mezquina la actitud de los socialistas madrileños, que en protesta por el cierre anunciado para hoy de la Comisión de Investigación del caso del espionaje han decidido no acudir a la ofrenda floral que cada año organiza la Comunidad de Madrid.El PSOE debería replantearse una decisión que mancha el recuerdo del 11-M al enfangarlo en la contienda partidista. Al intentar hacerle un desplante a Esperanza Aguirre, en realidad se lo hacen a las víctimas.
Pero junto a la desidia y la lucha políticas siguen surgiendo interrogantes sobre el 11-M. Si el lunes descubrimos que algunos de los agentes que investigaron la masacre ocultaron al juez informaciones favorables a Zougam, único condenado como autor material de los atentados, y ayer desvelamos que los Tedax recogieron muestras de explosivos que nunca se entregaron al tribunal -lo que ha llevado a uno de los peritos y padre de un fallecido en el 11-M a pedir la reapertura del sumario-, hoy mostramos las dudas razonables que hay para desconfiar de la única prueba que sirvió para condenar a Zougam: el testimonio de tres personas que dijeron haberle visto en el tren.
Uno de los testigos, un ciudadano rumano, no ratificó en el juicio su declaración ante la Policía y los otros -dos mujeres, también rumanas- no sólo no declararon hasta muchos días después de la masacre, sino que incurrieron en contradicciones. De hecho, y pese a que ambas viajaban juntas, no fue hasta más de un año después de la declaración de la primera, cuando la otra se decidió a ratificar ante los agentes la versión de su compañera. Las tres cobraron indemnizaciones como víctimas que suman en conjunto más de 160.000 euros, pese a que sólo el hombre viajaba en uno de los vagones donde explotó la bomba. Nuevos datos para que insistamos en la necesidad de investigar a fondo y sin prejuicios lo ocurrido.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
