04-05-2010, 22:35:55
Tres artículos más; son bastante recientes. pomgo la fecha, para que sean fáciles de ordenar.
Quote:FERNANDO REINARES 11/03/2009
¿Acaso el 11-M no se fijó en Bruselas?
Los atentados de Madrid no fueron obra de una célula local de inmigrantes magrebíes radicalizados. Hay múltiples evidencias de que detrás hubo una trama 'yihadista' internacional vinculada a Al Qaeda
En Bruselas, sí. No en el barrio de Lavapiés ni en Morata de Tajuña. Fue cuando, casi cinco meses antes de que se produjeran los atentados de 2004 en Madrid, alguien adquirió una tarjeta prepago y facilitó para ello una serie de datos falsos, entre los que figuraba como fecha de nacimiento la del 11 de marzo de 1921.
Es significativo que en la azora 21 del Corán pueda leerse: "Si los infieles conocieran el momento en que no podrán apartar el fuego de sus rostros, ni de sus espaldas...". Además, dicha compra, y por tanto la fijación del 11-M, tuvo lugar el 19 de octubre de 2003. Al día siguiente -ni uno antes, ni uno después- de que un canal qatarí de televisión emitiese un vídeo en el que Osama Bin Laden amenazaba a varios países occidentales, mencionando de manera expresa a España. Una circunstancia asimismo muy reveladora.
Importa aclarar que la aludida tarjeta prepago estaba inserta en el terminal de telefonía móvil encontrado en el dormitorio de la vivienda en que residía -insisto, en Bruselas- Youssef Belhadj, actualmente condenado a 12 años de prisión.
Constato de manera habitual que la inmensa mayoría de los asistentes a conferencias y seminarios en los que se habla del tema desconoce tanto ésas como otras evidencias fundamentales acerca de los terroristas que intervinieron en la planificación y ejecución del 11-M. Quizá por haber estado durante largo tiempo enredados en un debate excéntrico, elucidando si ETA estaba o no implicada en esos trágicos hechos, ha pasado desapercibido lo que los atentados de Madrid indican sobre la configuración del terrorismo global tras los del 11-S en Nueva York y Washington, o sobre la evolución de la amenaza que continuamos afrontando.
Cinco años después, mi impresión es que gran parte de los españoles sigue pensando que lo sucedido aquel infame día en los trenes de cercanías que circulaban hacia la estación de Atocha fue obra de una pequeña célula, constituida de manera espontánea y formada por inmigrantes magrebíes mal adaptados a nuestra sociedad, radicalizados a sí mismos y sin conexiones internacionales de importancia. Pero las cosas no son así.
En primer lugar, entre los implicados en los atentados del 11-M hay varios individuos, como Jamal Zougam y Serhane Ben Abdelmajid Fhaket, El Tunecino, o el huido Said Berraj, que estuvieron integrados en la célula de Al Qaeda establecida en España a inicios de los noventa o mantenían estrechos vínculos con su dirigente, hoy en prisión, Abu Dahdah. Éste quedó al frente de la célula cuando el más notorio de sus fundadores, Abu Musab al Suri, dejó Madrid para trasladarse primero a Londres, donde desarrolló labores doctrinales junto a Abu Qutada, y luego a Afganistán, donde en 1996 era ya miembro del círculo inmediato de Osama Bin Laden.
Esa célula fue sustancialmente desmantelada por la policía en el otoño de 2001, al constatarse su trabazón con la de Hamburgo, la de los suicidas del 11-S, alguno de los cuales estuvo poco antes en nuestro país. Ni aquellos tres individuos ni otros cercanos a ellos encajan en el perfil propio de unos terroristas que constituyen su propia célula local e independiente de manera espontánea, una vez radicalizados a sí mismos.
Al aproximarnos a la identidad de los condenados en sumarios abiertos por los atentados de Madrid se distinguen, en segundo lugar, dos destacados miembros del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), formado hacia 1993 en Peshawar, Pakistán, y afiliado con Al Qaeda. En su campo de adiestramiento de Jalalabad, Afganistán, se enseñaba a utilizar móviles en explosiones simultáneas. A inicios de 2002, esa organización terrorista y otras dos norteafricanas de la misma orientación -como el Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL), alguno de cuyos notables entró en contacto con uno de los terroristas de Madrid- acordaron atentar en los países de donde procedían sus integrantes o en los que residieran.
Los atentados de Casablanca se produjeron en mayo de 2003 y los del 11-M en Madrid, diez meses después. Las redes terroristas de ambos casos se solapan parcialmente. Hassan el Haski, condenado aquí a 14 años, lo ha sido a 10 por lo ocurrido en aquella ciudad marroquí. Ningún miembro del GICM es, por definición, componente de una célula local surgida espontáneamente y carente de conexiones internacionales.
En tercer lugar, envuelto en el 11-M encontramos a un antiguo militante de la Yihad Islámica Egipcia (YIE), que en 2001, siendo su líder Ayman al Zawahiri, el actual lugarteniente de Osama Bin Laden, se fusionó con Al Qaeda. Hablo de Rabei Osman Es Sayed Ahmed, Mohamed el Egipcio, un notorio emprendedor de iniciativas a favor de Al Qaeda y el terrorismo global desde 1999 en Alemania, Francia, Italia, Bélgica y España, donde están acreditados sus ligámenes con algunos de quienes cometieron los atentados de Madrid. Por estos hechos fue condenado en Italia a ocho años de prisión.
Una investigación del Federal Bureau of Investigation (FBI) estadounidense, solicitada por las autoridades italianas, puso de manifiesto que, el 4 de febrero de 2004, es decir, cinco semanas antes del 11-M, El Egipcio activó por primera vez la dirección de correo electrónico que utilizaba normalmente, introduciendo en el formulario de registro un nombre imaginario, con domicilio ficticio y supuestamente nacido el 11 de marzo de 1970. Ocurrió en Milán. No en el barrio de Lavapiés ni en Morata de Tajuña.
Ciertamente, si repasamos el listado de cuantos han sido condenados por los atentados del 11-M o se suicidaron en Leganés el 3 de abril de 2004, hallamos unos cuantos marroquíes, originarios de ciudades como Tánger y Tetuán, inmersos en la delincuencia común y el narcotráfico, liderados por Jamal Ahmidan, El Chino.
Pero fueron expresamente movilizados para participar en los atentados y no constituyeron célula alguna de manera espontánea ni se radicalizaron solos. En cualquier caso, los rasgos comunes a estas personas son relativamente distintivos respecto al conjunto de quienes participaron en los atentados de Madrid y no debe tomarse esta parte por un todo más diverso. A la hora de explicar el amalgamiento de esos individuos caracterizados por su previa trayectoria delictiva con otros inmersos desde hacía mucho tiempo en grupos y organizaciones terroristas afines a Al Qaeda, dentro y fuera del territorio español, es preciso aludir a ligámenes afectivos de amistad, vecindad o parentesco que vinculaban entre sí a no pocos de estos terroristas.
A todo ello debe añadirse que Al Qaeda se hizo responsable de los atentados mediante un comunicado enviado el mismo día por las Brigadas de Abu Hafs al Masri al periódico en lengua árabe que es su destinatario habitual desde hace más de una década, donde fue validado.
Los escondidos en el piso de Leganés siguieron las directrices transmitidas posteriormente con esa rúbrica. Sin olvidar que, según todo indica, los terroristas del 11-M huidos recibieron ayuda no sólo del GICM, sino de Ansar al Islam y el entramado de Al Qaeda en Irak. Alguno de ellos cometió un atentado suicida en este país.
En suma, no parece que los atentados de Madrid fuesen obra de una célula local surgida espontáneamente y formada por un puñado de inmigrantes musulmanes radicalizados a sí mismos. Incluso que el 11-M ocurriese exactamente 911 días después del 9-11 -es decir, el 11-S- resultaría en exceso sofisticado para una camada así. Evidencias como las reseñadas y numerosas otras sugieren una realidad más compleja, que lo es también para una amenaza que persiste.
Fernando Reinares es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos e investigador principal de terrorismo internacional en el Real Instituto Elcano. Actualmente prepara un libro sobre el 11-M titulado Operación Trenes de la Muerte.
Quote:TRIBUNA: FERNANDO REINARES
11-M: la conexión Al Qaeda
Había una estrecha relación entre quienes desempeñaron papeles fundamentales en la red terrorista que perpetró los atentados de Madrid y el mando de operaciones externas de Al Qaeda en Waziristán del Norte
FERNANDO REINARES 17/12/2009
La pista que definitivamente relaciona los atentados del 11-M con el directorio de Al Qaeda apareció hace cuatro años, aunque es aquí y ahora cuando se publica por primera vez. Fue en un remoto lugar situado al noroeste de Pakistán, próximo a la frontera con Afganistán. Durante la noche del 30 de noviembre al 1 de diciembre de 2005, un misil impactó contra una edificación situada en una pequeña localidad cercana a Miran Shah, capital de Waziristán del Norte. Ésta es una de las siete agencias que forman las llamadas Áreas Tribales Administradas Federalmente (FATA, en sus siglas en inglés), donde los principales dirigentes de Al Qaeda y gran parte de sus miembros se establecieron entre finales de 2001 e inicios de 2002, tras perder el santuario afgano del cual habían disfrutado desde 1996 hasta la intervención militar estadounidense semanas después del 11-S.
El misil al que me refiero había sido lanzado desde uno de esos vehículos aéreos sin piloto que la CIA estadounidense utiliza desde hace algunos años para abatir líderes de Al Qaeda cuya presencia se detecta en la franja que discurre a lo largo de la frontera entre Afganistán y Pakistán. Waziristán del Norte es, por otra parte, la demarcación donde, hacia fines de 2004 y comienzos de 2005, Al Qaeda tuvo que reubicar buena parte de sus integrantes y de sus instalaciones para el entrenamiento de terroristas. Lo hizo huyendo de la incursión que el ejército paquistaní llevó a cabo en el contiguo Waziristán del Sur entre la primavera y el otoño de 2004. En su nuevo asentamiento de Waziristán del Norte, Al Qaeda se ha venido beneficiando de la protección concedida por sectores talibanizados de las tribus pastunes autóctonas, en este caso de los Utmanzai Wazir y Dawr.
Como consecuencia del mencionado ataque perdieron la vida cinco individuos. Uno de ellos era Hamza Rabia, entonces jefe de operaciones externas de Al Qaeda y máximo responsable del planeamiento de atentados en Norteamérica y Europa. A comienzos de 2002, Osama Bin Laden había decidido dividir en dos mandos el entramado operativo de Al Qaeda. El otro mando, de operaciones internas, se dedicó a Afganistán y Pakistán. Al frente del mismo puso a Mustafa al Uzayiti, más conocido como Abu Faraj al Libi. El mando de operaciones externas fue encomendado al artífice del 11-S, Khalid Sheik Mohamed. Pero fue detenido en Rawalpindi en marzo de 2003. A partir de entonces, Abu Faraj al Libi pasó a implicarse también en las operaciones externas de Al Qaeda, cuya jefatura asumió, sin embargo, el egipcio Hamza Rabia. Ambos desempeñarán sus funciones en estrecha relación.
Pero, ¿qué tiene esto que ver con el 11-M? Pues que uno de los cuatro individuos que perecieron con Hamza Rabia en el referido ataque selectivo pudo ser identificado por servicios de inteligencia extranjeros como Amer Azizi. Un dato corroborado por hallazgos posteriores en Pakistán y el Reino Unido a los que no me referiré en esta ocasión. Amer Azizi, marroquí, había sido un muy destacado integrante de la célula establecida por Al Qaeda en España a mediados de los noventa y liderada desde 1995 por Imad Eddine Barakat Yarkas, es decir, Abu Dahdah, quien lo captó y envió a un campo de entrenamiento en Afganistán. Fue procesado en rebeldía por delitos de terrorismo atribuidos a dicha célula, ya que consiguió escapar de nuestro país tras la operación policial que la desmanteló en noviembre de 2001. Esto ocurrió al constatarse su relación con otra célula de Al Qaeda en Europa, la de Hamburgo, directamente implicada en el 11-S.
Amer Azizi aparece mencionado en al menos 141 de los 241 tomos correspondientes al sumario incoado en la Audiencia Nacional por los atentados del 11-M. Su nombre figura asimismo en ocho de las 30 piezas separadas que completan esa documentación judicial. En conjunto, esas referencias ponen de manifiesto, por una parte, los muy estrechos ligámenes que existían entre Amer Azizi y los individuos que desempeñaron papeles centrales tanto en la formación como en el desarrollo de la trama terrorista local que preparó y colocó las bombas que estallaron en los cuatro trenes que circulaban hacia la estación de Atocha. Por otra parte, revelan las relaciones de Amer Azizi con organizaciones norteafricanas insertas en la actual urdimbre del terrorismo global, a través de las cuales terminó por alcanzar posiciones de relevancia en el círculo de liderazgo de Al Qaeda.
Y es que Amer Azizi, a su regreso de Afganistán en el verano de 2001, reclutó a Mustafa Maymouni, igualmente marroquí, quien en 2002 creó el núcleo de la red que perpetró los atentados del 11-M. Otro marroquí, Driss Chebli, y Serhane ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino, ya cuñado de Mustafa Maymouni, pasaron a dirigir esa red cuando éste fue detenido tras haberse desplazado temporalmente a Marruecos en febrero de 2003. Al ser encarcelado Driss Chebli cuatro meses después, implicado en la aludida célula de Abu Dahdah, El Tunecino se convirtió en cabecilla local de los terroristas del 11-M. Pues bien, a El Tunecino también lo captó Amer Azizi. Además, como recoge el sumario 20/2004, un testigo protegido sostuvo que ambos se comunicaban en 2002 y 2003 por correo electrónico. Ese mismo sumario acredita los vínculos de Amer Azizi con otros destacados autores materiales de los atentados de Madrid, como Jamal Zougam o el huido Said Berraj.
Los lazos de Amer Azizi con entidades norteafricanas afines a Al Qaeda se consolidaron durante su estancia en Afganistán, pues el campo de entrenamiento al cual se incorporó, denominado Mártir Abu Yahyia, era una de las principales instalaciones adscritas al Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL). En ellas se adoctrinaba y adiestraba también a miembros del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), una vez que dirigentes de ambas organizaciones terroristas decidieron a finales de los noventa coordinar sus actividades. Allí es donde Amer Azizi conoció a Abdulatif Mourafik, cuyo sobrenombre es Malek el Andalusi, miembro del GICL. Como resultado de la estancia en aquellas instalaciones y de los contactos que en su seno mantuvo, Amer Azizi se integró en el GICL, pero manteniendo fuertes lazos, cuando no una militancia dual, respecto al GICM.
En este sentido, adquiere una significación especial la reunión que en febrero de 2002 mantuvieron en Estambul delegados del GICL, del GICM y de una organización homóloga tunecina, algunos de cuyos destacados integrantes habían tenido relación con la célula de Abu Dahdah. Entonces acordaron ejecutar actos de yihad en países de donde procedieran o en los que residiesen sus miembros. Sobre dicho encuentro y la decisión estratégica adoptada en el mismo existe una nota de inteligencia incorporada al sumario 20/2004. El caso es que los atentados de Casablanca ocurrieron en mayo de 2003 y los de Madrid en marzo de 2004, y que las tramas de uno y otro se solapan notablemente. Es más, el aludido Malek el Andalusi fue quien encomendó a Mustafa el Maymouni, el iniciador de la red del 11-M, formar antes una célula para asimismo atentar en Marruecos.
Aunque lo ocurrido en nuestros madrileños trenes de cercanías continúa siendo presentado como muestra de lo que puede hacer una célula local independiente y formada por inmigrantes musulmanes autorradicalizados, la evidencia sugiere una interpretación distinta sobre los actores, su liderazgo y su estrategia. En la ejecución de los atentados del 11-M hay algunos individuos que fueron delincuentes comunes y es muy razonable inducir que en su preparación intervinieron miembros prominentes del GICM. Pero eso no es todo. La estrecha relación entre quienes desempeñaron papeles fundamentales en la red terrorista de Madrid y Amer Azizi, que en 2004 ocupaba un puesto clave en el mando de operaciones externas de Al Qaeda, tal y como he desvelado en este artículo, obliga a mirar no hacia un barrio de la capital de España, ni hacia la península tingitana, cuando nos preguntamos dónde se aprobó el 11-M, sino hacia Waziristán del Norte.
Fernando Reinares es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos. Los contenidos de este artículo forman parte de un libro que culminará gracias al Woodrow Wilson Center de Washington y se titulará Operación trenes de la muerte. El 11-M y la conexión Al Qaeda
Quote:El verdadero significado de aquel 11-M
EL PAÍS - Opinión - 11-03-2010
Los atentados de Madrid fueron obra de una trama 'yihadista' conectada con el núcleo central de Al Qaeda. Para situarlos cabe recordar el vídeo de Bin Laden de 2003 en el que amenazaba explícitamente a España
No es casual que la ponderada sentencia sobre los atentados de Madrid aludiese a quienes fueron procesados y condenados por tales hechos, si exceptuamos a los criminales españoles de los cuales obtuvieron los explosivos, como "miembros de células y grupos de tipo yihadista". Al contrario de lo que con frecuencia se da por descontado, dentro y fuera de nuestro país -supongo que en buena medida debido a lo excéntrico que entre los propios españoles ha sido el debate sobre los autores implicados en la matanza de los trenes de la muerte-, en tan importante documento judicial no existe mención alguna a "célula local", "célula independiente", "célula local independiente" o concepto de equivalencia similar. Y es que lo sucedido en España en aquella infame fecha de marzo de 2004, exactamente 911 días después de los atentados del 9/11 -11 de septiembre según la manera anglosajona de datar- en Estados Unidos, no fue el producto de una célula local independiente inspirada por Al Qaeda pero carente de conexiones con dicha estructura terrorista o alguna de sus entidades afiliadas. Tanto la composición misma de la red que preparó y perpetró los atentados de Madrid, como su recientemente acreditada conexión con el núcleo central de Al Qaeda, al igual que la estrategia subyacente a tales hechos, evidencian que el verdadero significado del 11-M fue otro.
En primer lugar, la red que estuvo detrás de los atentados del 11 de marzo, constituida entre septiembre de 2002 y noviembre de 2003, aglutinó en lo fundamental a cuatro colectivos preexistentes y relativamente reducidos de individuos. Dos de esos colectivos se encontraban especialmente interconectados, pues derivaban de la célula establecida por Al Qaeda en España a mediados de los noventa del pasado siglo. Esta célula fue sustancial pero no completamente desmantelada en los meses que siguieron a los atentados del 11-S, cuando su líder era Imad Eddin Barakat Yarkas, más conocido como Abu Dahdah. Un tercer colectivo de individuos que se incorporó a la red del 11-M estaba ligado a la fracción que el Grupo Islámico Combatiente Marroquí tenía en Europa occidental, sobre todo en Bélgica y Francia. El cuarto y último colectivo en integrarse estaba compuesto por algunos narcotraficantes convertidos en islamistas violentos. Se trataba, en conjunto, de varones, casi todos inmigrantes de origen norteafricano -sobre todo marroquíes-, nacidos entre 1960 y 1983, en su mayoría con entre 23 y 33 años cuando perpetraron los atentados. Al igual que otras de sus características sociales denotan una notable diversidad, tampoco todos interiorizaron una ideología yihadista y fueron reclutados en el mismo lugar, al mismo tiempo o mediante el mismo proceso.
En segundo lugar, tal y como desvelé en parte hace apenas unos meses, existía una conexión entre la red terrorista del 11-M y el mando de operaciones externas de Al Qaeda en Waziristán del Norte (EL PAÍS, 17 de diciembre). Este hallazgo, del que tuve indicios fundados a finales de 2008 en Reino Unido, se basa en la figura de Amer Azizi, quien fuera destacado miembro de la mencionada célula de Al Qaeda en España y lograse huir tras su desarticulación.
Azizi reclutó al iniciador en 2002 de la trama responsable de los atentados de Madrid. Estaba estrechamente ligado al menos a otros tres importantes miembros de esa trama, y se mantenía en contacto con el cabecilla operativo de la red local, es decir, Serhane ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino. Tampoco era ajeno al Grupo Islámico Combatiente Marroquí ni al Grupo Islámico Combatiente Libio, con cuyo entonces dirigente llegó a comunicarse este último en 2003. Cuando ocurrió el 11-M, Amer Azizi era el hombre de confianza del número tres en la jerarquía de Al Qaeda, el egipcio Hamza Rabia, junto a quien murió en diciembre de 2005 como consecuencia de uno de los ataques selectivos de la inteligencia estadounidense, mediante aeronaves no tripuladas, contra miembros prominentes de dicha estructura terrorista en los territorios fronterizos entre Afganistán y Pakistán.
En tercer lugar, la estrategia de los atentados de Madrid no procedía de la red que los preparó y ejecutó. Para entenderla, cabe recordar el conocido vídeo difundido por Al Jazeera el 18 de octubre de 2003, en el que Osama Bin Laden amenazó a España, y un mensaje de correo electrónico al semanario Al Majallah ocho días después. Hay quienes consideran que lo ocurrido se inspiró en dos documentos -"Yihad en Irak" y "Mensaje al Pueblo Español"-, publicados en diciembre de 2003 en Global Islamic Media Centre, pero para entonces la red del 11-M ya estaba formada y no hay trazas de que sus miembros los conocieran. Sin embargo, conocieron y siguieron las orientaciones remitidas por las Brigadas Abu Hafs al Masri/Al Qaeda desde Irán y quizá Yemen. Sin el segundo de los comunicados firmados con esa denominación, alusiva a quien fuera jefe del comité militar de Al Qaeda, que la célula operativa del 11-M recogió de Internet horas después de haber sido colocado, mal se comprende su posterior actuación. No pocos han dudado de la fiabilidad de esos textos, pero baste mencionar que el primero de ellos hablaba de la advertencia hecha con el atentado de 2003 en Nasiriya contra fuerzas italianas. Ahora sabemos que uno de los suicidas que lo cometió fue reclutado en España y trasladado por el mismo conducto por el que huyeron hacia Irak algunos de los implicados en el 11-M.
Así, lo ocurrido en Madrid hace seis años denotaba la continuada actividad de Al Qaeda tras el 11-S, instigando, aprobando y probablemente también facilitando la comisión de atentados espectaculares y muy letales en las sociedades occidentales. Esta actividad persiste, aunque se hayan detectado alteraciones notables en el alcance y los límites de las capacidades de Al Qaeda. Aquel 11-M resultó además indicativo de la reorientación que a partir de 2002 se observaba entre las organizaciones yihadistas norteafricanas afines a Al Qaeda y que culminó en la formación de su actual extensión regional magrebí. Asimismo, los atentados de Madrid fueron reveladores acerca de la movilización terrorista de inmigrantes de primera generación procedentes de países musulmanes. Lo que se añadía a la radicalización y el reclutamiento, constatado en otras naciones europeas, de jóvenes correspondientes a las llamadas segundas y terceras generaciones.
Además, los atentados en los trenes de cercanías revelaban mucho sobre el terrorismo global como un fenómeno polimorfo de componentes heterogéneos que interactúan entre sí, cuyos dirigentes reconocen una jerarquía de mando y control, pero que es flexible y se adapta a las circunstancias propias de una determinada situación, produciendo en ocasiones, como el 11-M, combinaciones excepcionales.
Con todo, los atentados del 11-M no sólo hablaban por sí mismos acerca de un terrorismo yihadista en transición, tras haber perdido Al Qaeda y sus entidades afiliadas el santuario afgano del que se beneficiaron hasta el otoño de 2001. También resultaron indicativos de la cambiante naturaleza de la amenaza del yihadismo global. No fueron unos atentados planificados, preparados y ejecutados sólo por Al Qaeda, como había sido habitual hasta 2002. Pero tampoco fueron producto exclusivo de una célula independiente. Más bien reflejaron la realidad de una amenaza compleja y compuesta, en la que confluyen diferentes grupos y organizaciones.
Por lo demás, el 11-M dejó una vez más clara la predilección del terrorismo yihadista por los sistemas de transporte público como blanco, una preferencia por el uso de artefactos explosivos y la determinación suicida de sus ejecutores. Alguno de los implicados en esos atentados había escrito su testamento.
Finalmente, lo sucedido hace seis años en Madrid puso de manifiesto que las directrices de Al Qaeda, las decisiones de sus organizaciones asociadas y las aspiraciones de las redes locales pueden converger, aprovechándose de oportunidades especialmente favorables para la ejecución en sociedades occidentales de actos de terrorismo global.
Fernando Reinares, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos, acaba de ser elegido director académico de la International Counter Terrorism Academic Community. Una versión más extensa de este artículo aparecerá en el próximo número de Survival, la revista del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
