09-01-2007, 21:19:24
Elkoko:
No dudo que el elemento racista esté presente. Pero creo que hay algo más profundo. Toda teoría conspiracionista se basa más en la eterna lucha entre el estúpido azar (o una fuerza equivalentemente menor) y un alto objetivo teleológico. Me explico y me pongo filosófico.
Si tenemos algo muy preciado y nos lo arrebatan, es muy difícil aceptar que ha sido por simple azar. Tiene que haber un motivo más alto, un objetivo: algo teleológico. Porque si no es así, nuestra pérdida suena estúpida, hueca, inútil. Si al menos se ha sacrificado en el altar de algo más grande.... Y no importa si eso más grande es maravilloso o pérfido. Lo que importa es que tenga sentido, que tenga un objetivo, una dirección. El azar nos aterra. El objetivo, aún malvado, nos da consuelo. Porque el primero es incognoscible y el segundo no. El segundo es antropomórfico y por tanto entendible. Es la reificación de fuerzas ciegas, volviéndolas entendibles en tanto se comportan como uno espera que se comporte un ser como nosotros.
Esta es la fuerza que impele al padre de Al Fayed a considerar el accidente que mató a su hijo como una conspiración. Es lo que impele a los conspiracionistas de Kennedy a pensar que había algo más que un pobre diablo, un estúpido mediocre con puntería, detrás de la muerte de alguien tan importante. Y es, en buena medida, lo que inspira al conspiracionismo del 11-M. Imposible que sean los "moritos", entendidos racistamente como algo despreciable en el orden cósmico de este país. Tiene que ser algo más. Aún antes de la política, está la psicología.
No dudo que el elemento racista esté presente. Pero creo que hay algo más profundo. Toda teoría conspiracionista se basa más en la eterna lucha entre el estúpido azar (o una fuerza equivalentemente menor) y un alto objetivo teleológico. Me explico y me pongo filosófico.
Si tenemos algo muy preciado y nos lo arrebatan, es muy difícil aceptar que ha sido por simple azar. Tiene que haber un motivo más alto, un objetivo: algo teleológico. Porque si no es así, nuestra pérdida suena estúpida, hueca, inútil. Si al menos se ha sacrificado en el altar de algo más grande.... Y no importa si eso más grande es maravilloso o pérfido. Lo que importa es que tenga sentido, que tenga un objetivo, una dirección. El azar nos aterra. El objetivo, aún malvado, nos da consuelo. Porque el primero es incognoscible y el segundo no. El segundo es antropomórfico y por tanto entendible. Es la reificación de fuerzas ciegas, volviéndolas entendibles en tanto se comportan como uno espera que se comporte un ser como nosotros.
Esta es la fuerza que impele al padre de Al Fayed a considerar el accidente que mató a su hijo como una conspiración. Es lo que impele a los conspiracionistas de Kennedy a pensar que había algo más que un pobre diablo, un estúpido mediocre con puntería, detrás de la muerte de alguien tan importante. Y es, en buena medida, lo que inspira al conspiracionismo del 11-M. Imposible que sean los "moritos", entendidos racistamente como algo despreciable en el orden cósmico de este país. Tiene que ser algo más. Aún antes de la política, está la psicología.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
