14-01-2010, 01:24:12
(This post was last modified: 14-01-2010, 01:25:48 by morenohijazo.)
Lesconil pone el dedo en la llaga sobre el pensamiento de muchos de sus compañeros, que les lleva a decir barbaridades, pero no amplía las conclusiones a otros puntos donde su discurso lógico está igual de averiado.
Varios peones, animados por el descubrimiento de que los trenes durmieran en Chamartín, no se apean del burro de que los explosivos se colocaron necesariamente la tarde de antes.
A las pegas que ya ha expuesto Hermanita (el servicio de vigilancia, los equipos de limpieza nocturna de los trenes, la necesidad de forzar las puertas de los vagones, las inspecciones aleatorias antes de que los trenes se pongan en marcha por la mañana...) hay que añadir que para colocar tal cantidad de mochilas en cuatro trenes que, por lógica, no van a estar todos juntitos necesitas una expedición como las de Tarzán, con porteadores tutsis y todo, la imposiblidad de controlar y conocer que los trenes están parados si no tienes un cómplice en el Puesto de mando, y sobre todo que, según el propio lesconil, los trenes son distribuidos a los servicios en la madrugada del día en cuestión, o sea que a priori la tarde anterior no sabes qué trenes van a ir a Alcalá de Henares.
Y esto, creo, es definitivo.
Pero la respuesta peonil es la de siempre: han sumado otro conspirador cloaquero más que estaba destinado en el Puesto de Mando y otro que es (tiene que ser necesariamente) el que repartió los trenes a los servicios.
Hoy, el que se lleva más palos es Joaquín Ruaño Treviño, Director de Seguridad de Renfe en 2004, testigo 459 durante el juicio, al que Swing, por aquello de la economia de acusaciones, identifica con el "cloaquero" del Centro de mando, sin tener ninguna idea de si estaba o no allí aquel día. La cosa es acusar.
A nadie parece ocurrírsele que NADIE puede estar en el Centro de Mando dirigiendo todo aquel cotarro sin ser visto por todos los trabajadores del Centro de Mando, y que cualquier orden anómala se haría inmediatamente sospechosa para decenas de compañeros suyos.
Bueno, Lesconil sí que dice que le parece una barbaridad asumir que Ruaño estaba en el Centro de Mando sin ninguna prueba, sólo porque crren que mintió en el juicio, pero como digo no parece darse cuenta de que la manera de desbarrares la misma que siempre.
Es una forma de razonar idéntica a los juguetes de formas de los lactantes: tienes un hueco triangular, una pieza triangular, la encajas: ¡clac!
Los peones tienen un conspirador que creen que mintió en el juicio, pero no saben muy bien cuál era su papel. Tienen un puesto de mando en el que les hace falta un conspirador: ¡clac! Lo encajan. Sin mayores comprobaciones, sin preguntar a nadie, sin ninguna prueba.
Varios peones, animados por el descubrimiento de que los trenes durmieran en Chamartín, no se apean del burro de que los explosivos se colocaron necesariamente la tarde de antes.
A las pegas que ya ha expuesto Hermanita (el servicio de vigilancia, los equipos de limpieza nocturna de los trenes, la necesidad de forzar las puertas de los vagones, las inspecciones aleatorias antes de que los trenes se pongan en marcha por la mañana...) hay que añadir que para colocar tal cantidad de mochilas en cuatro trenes que, por lógica, no van a estar todos juntitos necesitas una expedición como las de Tarzán, con porteadores tutsis y todo, la imposiblidad de controlar y conocer que los trenes están parados si no tienes un cómplice en el Puesto de mando, y sobre todo que, según el propio lesconil, los trenes son distribuidos a los servicios en la madrugada del día en cuestión, o sea que a priori la tarde anterior no sabes qué trenes van a ir a Alcalá de Henares.
Y esto, creo, es definitivo.
Pero la respuesta peonil es la de siempre: han sumado otro conspirador cloaquero más que estaba destinado en el Puesto de Mando y otro que es (tiene que ser necesariamente) el que repartió los trenes a los servicios.
Hoy, el que se lleva más palos es Joaquín Ruaño Treviño, Director de Seguridad de Renfe en 2004, testigo 459 durante el juicio, al que Swing, por aquello de la economia de acusaciones, identifica con el "cloaquero" del Centro de mando, sin tener ninguna idea de si estaba o no allí aquel día. La cosa es acusar.
A nadie parece ocurrírsele que NADIE puede estar en el Centro de Mando dirigiendo todo aquel cotarro sin ser visto por todos los trabajadores del Centro de Mando, y que cualquier orden anómala se haría inmediatamente sospechosa para decenas de compañeros suyos.
Bueno, Lesconil sí que dice que le parece una barbaridad asumir que Ruaño estaba en el Centro de Mando sin ninguna prueba, sólo porque crren que mintió en el juicio, pero como digo no parece darse cuenta de que la manera de desbarrares la misma que siempre.
Es una forma de razonar idéntica a los juguetes de formas de los lactantes: tienes un hueco triangular, una pieza triangular, la encajas: ¡clac!
Los peones tienen un conspirador que creen que mintió en el juicio, pero no saben muy bien cuál era su papel. Tienen un puesto de mando en el que les hace falta un conspirador: ¡clac! Lo encajan. Sin mayores comprobaciones, sin preguntar a nadie, sin ninguna prueba.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas

