21-06-2007, 09:43:08
Quote:El pasteleo será complicado. La conciencia de los magistrados rechaza admitir pruebas que saben falsas. Pero anularlas revelaría una falsificación que debería investigarse en este mismo proceso. Lo aplazarán para otro juicio: grave error, porque afecta, se quiera o no, a la culpabilidad de los aquí juzgados.No se si este es el lugar o si habría que empezar un hilo para los meses de presiones al tribunal que aguardan. Este es el enlace de un tal Asis Timermans (¿hijo de?) que enlaza el inefable LdP en su nuevo hilo. Por cierto, que el himbeztigador está de gira... En este caso está haciendo las andalucías. Ha hecho ya Sevilla, hoy Málaga... en fín, espero que su madre le lleve el baúl, como a la Piquer, dado que la vergüenza la dejan en casa...
No es por miedo a la advertencia de Elkaizer en El País (“¡ni una frase en la sentencia que legitime a los conspiradores!”). Es miedo a la verdad. Esto no es una película. El malo alternativo lleva uniforme. Sabe quién montó el decorado. No se jugó todo sin una poderosa razón, sin un poderoso respaldo.
Nunca una escena me impactó más: el Juez Gómez Bermúdez suplicaba a los peritos una explicación alternativa a la imposible contaminación. Un gigante en lo profesional y lo personal, Gabriel Moris, aguantó unos minutos largos y terribles sin quitarse el gorro de perito ni ponerse el de víctima. Pudo haber gritado: “¡Usted lo sabe! ¡Este perito y su jefe ocultan qué explosivo mató a mi hijo!”. Habría barrido de un plumazo su profesionalidad. Su elocuente silencio me pareció un grito: “¡Sea valiente! ¡Yo he perdido un hijo! ¿Tiene usted más que perder?”. El Juez no se atrevió.
El vértigo se apodera de Don Javier. No quiere ni saber por qué a las doce de la mañana Manzano ya sabía que iba a explotar el piso de Leganés… cuya existencia se conoció horas después. Quiere creerlo secundario. Su experiencia dice que hay agua cuando el río suena, que alguno de los moritos cometió el atentado, que la mentira no puede ser tan grande. Nunca ha juzgado la operación de un servicio secreto.
Desde una gran altura profesional, la Sala ve el otro lado del muro, pero no se asoma. Unas imprescindibles “diligencias para mejor proveer” darían comienzo al verdadero proceso. La sentencia pastelera que se prepara es el fin de la verdad. Y esa noche, cuando Bermúdez se mire al espejo, verá por vez primera en su frente una sombra. No será pelo, claro, ni tampoco mala conciencia. Será la sombra de la decepción. Asís Timermans

